sábado, 31 de julio de 2010 ESPECIAL FERIA DE SAN JUAN   

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Ensayando la homosexualidad
Manuel Muñoz

A propósito de la homosexualidad en la Guardia Civil.

“Además, ¿tú eres ardilla chico o ardilla chica? ¿Y qué son todas estas ardillas? ¿Cuántos son chicos y cuántas son chicas? Hay que ver con qué afán recogen nueces y bellotas.
Eso no tiene importancia- ríe la ardilla. Pero si tanto te interesa, aunque no me explico por qué, te diré que yo soy chica. De las demás, ahora mismo no sabría decirte lo que es cada cual. Pero en este grupo de juego debe haber tantos chicos como chicas. No lo sé con exactitud, ya que nosotros no nos fijamos en esas cosas. Lo importante es tener compañerismo. Nuestros padres son buenos compañeros. De ellos hemos aprendido nosotros.” Del cuento de Gerlinde Ortner.
Me imagino que se necesita modificar las leyes para crear hábitos. Quizás somos así los humanos. Necesitamos normalizar para educar. Me recuerda a ciertos alumnos que necesitas dictar normas para estimular su iniciativa.
Damos poder a quien se lo queríamos quitar: es la relación amor-odio, necesidad-imperatividad.
Estamos hartos del abuso de poder en ciertas acciones del Estado, pero cuando lideramos grupos de presión, iniciativas populares, necesitamos el amparo del Estado. Intentando ser trivial para quitar seriedad al asunto, diría que necesitamos al primo de Zumosol para defender a nuestros derechos. Quien haya visitado la antigua U.R.S.S. y haya observado la arquitectura de sus ciudades, el carácter de bunker de sus edificios, lo mastodóntico de sus monumentos, nota los argumentos del poder, de aquel poder. En el subconsciente colectivo se respira el susto, el miedo.
Lo de la aprobación de la Guardia Civil no se lo cree nadie, y menos los que están dentro: es decir, que está muy acertado y tiene su mérito, y si bien es cierto que hay también otras prioridades que cubrir en dicho Cuerpo, la sociedad civil quizás tenga que aprender. Quizás tal decisión no sea el fiel reflejo de lo que piensen; ahora no lo es, pero con tal decisión ya lo será.
Se indigna Dulce Escribano de que aún existe repugnancia en los comentarios a los fotos de su exposición. Me imagino a qué se refiere. Quiero creer que un alto porcentaje de tales opiniones procede de ese mismo sentimiento de asco y repudia que podía sentir mi abuela cuando echaba pestes al ver alguna “escenita de cama” en T.V.
Creo que tiene que ver más con el objeto que con el sujeto, más con el acto que con el hecho. Claro está que repudiar y confundir ambas cosas, está a un paso.
Cuando uno va creciendo, ve y nota lo absurdo de ciertas cosas; en concreto, la importancia que nuestros mayores les daban a aspectos de la vida natural. El resto lo hacían la manipulación y el interés sesgados, los más sutiles móviles.
Educación, niños. Echarles la culpa a una etapa pasada. Por qué no re-educarnos. Re-educarnos porque nadie nos enseñó nada, nadie sabía nada ni para ellos mismos. Pero, ¿qué se podía esperar, en los mejores casos, de los cuentos de la flor, de la semillita y de la regadera?.
Educación física, no, más no por favor. Educación sentimental. Necesitamos una Escuela de Adultos. Tal cacao es el que nos hace retroceder o no. Tan limitada está la condición humana como para nosotros ponerles más barreras.
¿Se imaginan un hombre macho puro o una mujer hembra pura? De aquí viene gran parte de nuestra confusión.
A estas alturas de civilización, siglo XXI, y a estas latitudes – Occidente Europeo-, pienso en las personas que sufrieron. Pienso en el recorrido de la historia y en el deambular hacia la hoguera de ...vanidades: pensadores, científicos, historiadores, escritores, intelectuales, gente llana pasados por el fuego.
Fuego de odio, fuego de pasión, fuego de amor, fuego de infierno, fuego de... Es curioso el vaivén del péndulo de la historia: cómo se entendió la homosexualidad en Roma; no me refiero a las historias bacanales sino a las memorias adrianas.
También pienso en el elitismo, en el sexismo, en el racismo, en la discriminación...en todas esas fuerzas viscerales, innatas de querer buscar privilegios como personas, como grupos.
Hablamos que estamos en una sociedad civil, libre, plural; se ha conseguido mucho, pero se necesita empujar más. Prueba de fuego: qué sentirías si te viene tu hijo diciendo que cree o siente que es homosexual. ¿Llevarlo a un psiquiatra, encerrarlo en el cuarto para que no salga, controlar sus amistades, sus llamadas, o emplearías medidas más sutiles como mudarte de barrio, cambiarle de actividades, sacarle al campo todos los fines de semana? ¿O lo aceptarías?
¿Aceptarías que en el cuento de Blancanieves hubiera un enanito homosexual?
Esa es la prueba de fuego en el fondo. ¿Tenemos miedo? Pues claro. Natural. Lógico. De tal respuesta nos asignamos un papel de reparto en American Beauty.
Creo que en el fondo, es donde tenemos que bajar; la realidad cotidiana de cada uno, donde nos ponemos a prueba sobre todo lo que pensamos y decimos en el ágora, en la plaza pública: exhibicionismo puro que contrasta con nuestro sentir íntimo y que se pone de manifiesto, ya sea contradictoriamente, en nuestros actos. Esto es así porque, en el fondo, el machismo es muy fuerte entre todos nosotros. Hace falta mucha observación, mucha conciencia de nosotros mismos para saber cómo realmente actuamos.
Y pasa en el sexo: porque la industria está dirigida a los gustos de los hombres, y de ahí que haya escenas de cama entre mujeres. ¿Por qué no puede haber lo mismo entre hombres? La respuesta es contundente: porque no atrae, agrada, provoca nada en los hombres. Consecuencia del machismo que arrastra contra todo lo que no sea imagen a él: creo que es el miedo que se tiene a sí mismo. Contra las mujeres y contra los hombres que no son como él.
También hay mujeres machistas: en su relación con el hombre, en la educación a sus hijos. Es aquí donde se fraguan las diferencias, donde se enciende la llama o donde...
Las consecuencias, ya se saben: personas que no viven su sexualidad libremente. Se tienen que ir fuera a vivirla o resignarse a vivir una doble vida, o de una forma amargada. Así sabemos de conocidos y amistades que lo pasan mal.
Vivimos con una mirada extremadamente curiosa, ¿aquel, aquella, será homo o lesbi? No sé hasta qué punto nos importa realmente sus vidas particulares. Los sentimientos: cómo es el amor homosexual, cómo se expresa: podríamos diferenciarla? Educación sentimental.
La belleza, como vínculo o motor amoroso. Es todo un ejercicio de reflexión lo que debemos hacer los heterosexuales para saber discernirlo, llegar a conocerlo. Digo esto porque para saborear el fruto hace falta, previamente, quitar varias capas y es humanamente comprensible que muchas de esas capas no nos sea de agrado. Y cual niño pequeño desechamos la fruta madurada por su apariencia superficial.
Es curioso lo que podemos sentir respecto de aquello que no estamos acostumbrados: pasa un negro y lo miro, miro a un indio y me da asco... pero no por ello pienso que soy más. Miro un japonés y me sonrío, y no por eso me creo superior. Veo a un chino comer hormigas y me da asco, pero eso no significa que yo le esté crucificando: simplemente tengo mis apetencias.
Por ello, nos resulta tan difícil emocionarnos, desde el mundo heterosexual, de aquel su mundo sentimental. ¿Recuerdan la película Carrington, con Emma Thompson?



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