A propósito de la homosexualidad en
la Guardia Civil.
“Además, ¿tú eres
ardilla chico o ardilla chica? ¿Y qué
son todas estas ardillas? ¿Cuántos
son chicos y cuántas son chicas? Hay
que ver con qué afán recogen nueces
y bellotas.
Eso no tiene importancia- ríe la ardilla.
Pero si tanto te interesa, aunque no me explico
por qué, te diré que yo soy chica.
De las demás, ahora mismo no sabría
decirte lo que es cada cual. Pero en este grupo
de juego debe haber tantos chicos como chicas.
No lo sé con exactitud, ya que nosotros
no nos fijamos en esas cosas. Lo importante
es tener compañerismo. Nuestros padres
son buenos compañeros. De ellos hemos
aprendido nosotros.” Del cuento de Gerlinde
Ortner.
Me imagino que se necesita modificar las leyes
para crear hábitos. Quizás somos
así los humanos. Necesitamos normalizar
para educar. Me recuerda a ciertos alumnos que
necesitas dictar normas para estimular su iniciativa.
Damos poder a quien se lo queríamos quitar:
es la relación amor-odio, necesidad-imperatividad.
Estamos hartos del abuso de poder en ciertas
acciones del Estado, pero cuando lideramos grupos
de presión, iniciativas populares, necesitamos
el amparo del Estado. Intentando ser trivial
para quitar seriedad al asunto, diría
que necesitamos al primo de Zumosol para defender
a nuestros derechos. Quien haya visitado la
antigua U.R.S.S. y haya observado la arquitectura
de sus ciudades, el carácter de bunker
de sus edificios, lo mastodóntico de
sus monumentos, nota los argumentos del poder,
de aquel poder. En el subconsciente colectivo
se respira el susto, el miedo.
Lo de la aprobación de la Guardia Civil
no se lo cree nadie, y menos los que están
dentro: es decir, que está muy acertado
y tiene su mérito, y si bien es cierto
que hay también otras prioridades que
cubrir en dicho Cuerpo, la sociedad civil quizás
tenga que aprender. Quizás tal decisión
no sea el fiel reflejo de lo que piensen; ahora
no lo es, pero con tal decisión ya lo
será.
Se indigna Dulce Escribano de que aún
existe repugnancia en los comentarios a los
fotos de su exposición. Me imagino a
qué se refiere. Quiero creer que un alto
porcentaje de tales opiniones procede de ese
mismo sentimiento de asco y repudia que podía
sentir mi abuela cuando echaba pestes al ver
alguna “escenita de cama” en T.V.
Creo que tiene que ver más con el objeto
que con el sujeto, más con el acto que
con el hecho. Claro está que repudiar
y confundir ambas cosas, está a un paso.
Cuando uno va creciendo, ve y nota lo absurdo
de ciertas cosas; en concreto, la importancia
que nuestros mayores les daban a aspectos de
la vida natural. El resto lo hacían la
manipulación y el interés sesgados,
los más sutiles móviles.
Educación, niños. Echarles la
culpa a una etapa pasada. Por qué no
re-educarnos. Re-educarnos porque nadie nos
enseñó nada, nadie sabía
nada ni para ellos mismos. Pero, ¿qué
se podía esperar, en los mejores casos,
de los cuentos de la flor, de la semillita y
de la regadera?.
Educación física, no, más
no por favor. Educación sentimental.
Necesitamos una Escuela de Adultos. Tal cacao
es el que nos hace retroceder o no. Tan limitada
está la condición humana como
para nosotros ponerles más barreras.
¿Se imaginan un hombre macho puro o una
mujer hembra pura? De aquí viene gran
parte de nuestra confusión.
A estas alturas de civilización, siglo
XXI, y a estas latitudes – Occidente Europeo-,
pienso en las personas que sufrieron. Pienso
en el recorrido de la historia y en el deambular
hacia la hoguera de ...vanidades: pensadores,
científicos, historiadores, escritores,
intelectuales, gente llana pasados por el fuego.
Fuego de odio, fuego de pasión, fuego
de amor, fuego de infierno, fuego de... Es curioso
el vaivén del péndulo de la historia:
cómo se entendió la homosexualidad
en Roma; no me refiero a las historias bacanales
sino a las memorias adrianas.
También pienso en el elitismo, en el
sexismo, en el racismo, en la discriminación...en
todas esas fuerzas viscerales, innatas de querer
buscar privilegios como personas, como grupos.
Hablamos que estamos en una sociedad civil,
libre, plural; se ha conseguido mucho, pero
se necesita empujar más. Prueba de fuego:
qué sentirías si te viene tu hijo
diciendo que cree o siente que es homosexual.
¿Llevarlo a un psiquiatra, encerrarlo
en el cuarto para que no salga, controlar sus
amistades, sus llamadas, o emplearías
medidas más sutiles como mudarte de barrio,
cambiarle de actividades, sacarle al campo todos
los fines de semana? ¿O lo aceptarías?
¿Aceptarías que en el cuento de
Blancanieves hubiera un enanito homosexual?
Esa es la prueba de fuego en el fondo. ¿Tenemos
miedo? Pues claro. Natural. Lógico. De
tal respuesta nos asignamos un papel de reparto
en American Beauty.
Creo que en el fondo, es donde tenemos que bajar;
la realidad cotidiana de cada uno, donde nos
ponemos a prueba sobre todo lo que pensamos
y decimos en el ágora, en la plaza pública:
exhibicionismo puro que contrasta con nuestro
sentir íntimo y que se pone de manifiesto,
ya sea contradictoriamente, en nuestros actos.
Esto es así porque, en el fondo, el machismo
es muy fuerte entre todos nosotros. Hace falta
mucha observación, mucha conciencia de
nosotros mismos para saber cómo realmente
actuamos.
Y pasa en el sexo: porque la industria está
dirigida a los gustos de los hombres, y de ahí
que haya escenas de cama entre mujeres. ¿Por
qué no puede haber lo mismo entre hombres?
La respuesta es contundente: porque no atrae,
agrada, provoca nada en los hombres. Consecuencia
del machismo que arrastra contra todo lo que
no sea imagen a él: creo que es el miedo
que se tiene a sí mismo. Contra las mujeres
y contra los hombres que no son como él.
También hay mujeres machistas: en su
relación con el hombre, en la educación
a sus hijos. Es aquí donde se fraguan
las diferencias, donde se enciende la llama
o donde...
Las consecuencias, ya se saben: personas que
no viven su sexualidad libremente. Se tienen
que ir fuera a vivirla o resignarse a vivir
una doble vida, o de una forma amargada. Así
sabemos de conocidos y amistades que lo pasan
mal.
Vivimos con una mirada extremadamente curiosa,
¿aquel, aquella, será homo o lesbi?
No sé hasta qué punto nos importa
realmente sus vidas particulares. Los sentimientos:
cómo es el amor homosexual, cómo
se expresa: podríamos diferenciarla?
Educación sentimental.
La belleza, como vínculo o motor amoroso.
Es todo un ejercicio de reflexión lo
que debemos hacer los heterosexuales para saber
discernirlo, llegar a conocerlo. Digo esto porque
para saborear el fruto hace falta, previamente,
quitar varias capas y es humanamente comprensible
que muchas de esas capas no nos sea de agrado.
Y cual niño pequeño desechamos
la fruta madurada por su apariencia superficial.
Es curioso lo que podemos sentir respecto de
aquello que no estamos acostumbrados: pasa un
negro y lo miro, miro a un indio y me da asco...
pero no por ello pienso que soy más.
Miro un japonés y me sonrío, y
no por eso me creo superior. Veo a un chino
comer hormigas y me da asco, pero eso no significa
que yo le esté crucificando: simplemente
tengo mis apetencias.
Por ello, nos resulta tan difícil emocionarnos,
desde el mundo heterosexual, de aquel su mundo
sentimental. ¿Recuerdan la película
Carrington, con Emma Thompson?