Para mí, Casa de Oficio, es precisamente
eso, una casa llena de ilusiones, expectativas
y energías latentes o ya muy expresivas.
Es un gran casa donde se da cabida un montón
de personas, que entran y salen, llegan y se
van, vuelven y remontan.
Amalgama de voluntades, crisol de necesidades,
cruce de inquietudes, manantial de impresiones,
resonancia de voces.
Lo político, lo social, lo económico,
lo docente, lo ecológico, lo cultural,
lo local, lo empresarial, lo tradicional, lo
rural, lo voluntario, lo sanitario, lo sindical,
todo se da cita.
Promovidos por ayuntamientos, reconocidos por
políticos, subvencionados por servicios
de empleos, promocionados por diputaciones,
apoyados por nuevas tecnologías, escuelas
públicas y universidades populares, todas
las fuerzas vivas valen y se dan cabida.
Vale todo. Empezamos de la nada y seguiremos
con todos. Las paredes en blanco de estas aulas,
de aquellos talleres nos sirven como lienzo
y como estos folios, también en blanco,
para irlo rellenando, componiendo, corrigiendo,
borrando, ampliando, apuntando, recortando,
matizando.
Más allá de los límites
de una escuela viva. Hasta que no llegué
a una de ellas, no me di cuenta lo que implicaba
el escuchar el pistoletazo de salida. Mucho
en juego, mucho recurso humano con tantas personas
humanas recurribles alrededor. En otro escrito,
algún día, contaré el conjunto
de personas que, de una manera o de otra, se
han cruzado, nos han visitado, han aconsejado,
han aportado, han sugerido, han colaborado,
han creado, han abierto, han expuesto, han ilusionado
a nuestra casa, a su casa.
Por todo ello, uno siente mucha responsabilidad
y mucha inquietud por estar a la altura de dicho
compromiso, pero al mismo tiempo, siente una
inmensa alegría de sentirse vivo, de
ser capaz de aportar algo, de ver que cada día
crece esta planta, de sentirse útil y
vehículo para corresponder a las necesidades
individuales y colectivas que surgen, de pertenecer
a un conjunto vivo, invisible y poderosamente
concreto a la vez, que hace Región, que
cultiva pasión, que fomenta trabajo,
que aúna entusiasmos, que lima asperezas
y brota nuevas y maduradas voluntades.
Con estas palabras quería dar mi gratitud
y manifestar que me siento muy orgulloso de
pertenecer, y de cada día, me acojan
en estas Casas de Oficio; quería invitarte
a que pasaras por aquí y recordarte que
para la próxima ocasión, nos pararemos
en la de Almendral: a ser posible que sea un
martes, que es cuando viene el churrero y nos
tomamos antes unos churros con chocolate.
¿Nos había avisado ya que entorno
a las Casas de Oficio hay muchas personas envueltas?
Quedamos pues para la próxima cita.
Gracias y bienvenido.