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Una cita con la historia
Miguel Blanco Otano

Salíamos el sábado 20 de marzo al mediodía de Badajoz, dispuestos a cumplir nuestro compromiso de estar ahí, de mantener viva la lucha contra la guerra. El Foro Mundial de Mumbay propuso que ese día todas las capitales de mundo estuvieran en pie de paz, pidiendo, una vez más, lo que parece tan obvio. El día mundial contra guerra había comenzado y nosotros teníamos nuestra particular cita con la historia.

En Badajoz algunos colectivos habíamos intentado mover una manifestación que al final no pudimos convocar, dada la dejadez de la mayoría de colectivos que componen la Plataforma contra la Guerra de Badajoz, y tuvimos que irnos a Madrid entre preguntas de compañeros de por qué no había habido tal evento en nuestra ciudad.

En Mérida recogimos a otra compañera mientras nos uníamos a los más de 50 manifestantes que entre las notas del maravilloso Imagine de John Lennon estrellaban su rabia contra el panel de expresión que acabó decorado con magníficos alegatos a favor de la paz. Allí recogimos ánimos de todos para llegar a Madrid con más ganas que nunca de hacer ver a los poderosos de este mundo que los ciudadanos tenemos otra forma de ver y hacer las cosas, y que nosotros sí tenemos el valor de construir un mundo sin guerras y sin ejércitos.

No era el Madrid que todos conocíamos. Nada más llegar a Atocha el calor de las velas desplegadas en una espectacular alfombra nos recordaba que no estábamos todos, faltaban 200. Los atentados del pasado 11 de marzo han dejado un hueco en la capital de España que el paso de los años dudo sea capaz de cerrar. La tristeza de saber que no volverán por un lado. Por otro la amargura de saber que han muerto como consecuencia de una guerra contra la que muchos de los que no volverán clamaron el pasado año en esas mismas calles. Nosotros sabíamos entonces que la violencia engendra violencia, que no hay caminos para la paz, que la paz es el camino. Te viene a la cabeza la pregunta: ¿no son conscientes de lo que pasa en el mundo o es que no quieren solucionar el problema?

A medida que nos acercábamos a Neptuno, donde daba comienzo la multitudinaria manifestación, las calles iban llenándose de gente, de pancartas, de furgonetas con altavoces, de banderas. Me recordaba a aquella canción de Víctor Jara: “Aquí hermano, aquí sobre la tierra, el alma se nos llena de banderas”, que hacía referencia a un compañero asesinado y a la lucha que le causó la muerte, allá en Chile, tantos años atrás. Nosotros estábamos en las calles pidiendo solamente eso. No más muertes.

La diversidad de partidos, sindicatos, colectivos, plataformas, redes y personas nos hacía soñar con que Otro mundo es posible. Estábamos todos, o casi todos, y desde esa pluralidad confluíamos a un mismo fin: No a la guerra. Unificación y diversidad no van reñidos. En este mundo tan confuso donde cada uno ve la vida desde su ventana, hemos de ser capaces de aportar cada uno nuestras discrepancias y ser capaces de dialogar, de unir voces en lo que nos une, y ser capaces de hacer que lo que separa nuestras opiniones no separe nuestros corazones. En contra de la propuesta del pensamiento único, yo, y tantos conmigo, proponemos en pensamiento crítico.

La noche se cerraba y llegaban datos de las multitudinarias cifras que se barajaban de las otras manifestaciones llevadas a cabo en Roma, Sidney, Londres,… Y a medida que la Plaza del Sol era tomada por el pueblo, éramos cada vez más conscientes de que habíamos cumplido en nuestra cita con la historia, de que el futuro necesita de la gente para contruirlo. Ese día el mundo entero se echó a la calle. Todos sabíamos que ese otro mundo era posible. En definitiva, todos siempre lo hemos sabido. Hoy hay 200 que no lo podrán disfrutar. Pero casi más pena dan esos otros tantos que tienen en su mano hacerlo realidad y por no sé que causa, no quieren. Señores poderosos del mundo de la política y del capital: Hágannos caso. Otro mundo es posible, y necesario.

Miguel Blanco Otano
Badajoz
Domingo, 21 de marzo de 2004



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