Ahora que está de moda escuchar nuestras
propuestas, yo como joven, me lanzo a hacer
una reflexión sobre lo que para mí
es el futuro de la región, sobre como
veo yo los recursos humanos, las trabas y ayudas
que tendremos los jóvenes cuando queramos
construir todas esas ideas que hoy imaginamos.
El primer paso es, como ya se anunció
el pasado 7 de septiembre en la ceremonia de
entrega de Medallas de Extremadura, imaginar
el futuro, lo cual está muy bien, y nunca
hay que dejar de hacerlo, ¡pero es que
algunos nunca hemos dejado de hacerlo! Llevamos
ya los jóvenes varios años apostando
fuerte por ir creando un modelo social y político
que mostrar a nuestros mayores, y estamos viendo
como la red de asociaciones juveniles funciona,
y bien, hemos visto como cada vez hay más
y mejores actividades en el ámbito juvenil,
como se crea una extensa red de consejos locales
y regionales de juventud. También estamos
siendo testigos de cómo se está
gestando un gran semillero cultural en el que
numerosos jóvenes están apostando
por el cine, la música, la poesía,
el teatro, la pintura,… y donde se están
proponiendo alternativas y formas distintas
de ver el arte y la vida. En el mundo empresarial
están surgiendo nuevos talentos, entre
otras cosas por la necesidad de autoemplearse,
visto que el mercado laboral no da muchas satisfacciones
a los jóvenes, en cuanto a calidad de
empleo.
Todo esto está en nuestras mentes, y
algunos, como digo, ya han empezado a proponer
cosas, la cosa está en que realmente
nuestras propuestas sean aceptadas por la sociedad
extremeña. ¿Qué pasará
cuando alguien quiera crear una empresa sobre
algún tema novedoso en la región?
¿Se atreverá alguien para financiar
el proyecto? ¿Qué pasará
con los jóvenes músicos que quieran
grabar un disco? ¿Y tantos nuevos directores
de cine con sus múltiples ideas? ¿Y
los jóvenes investigadores que salen
de nuestra universidad? Hasta ahora la mayoría
tenían que buscarse la vida fuera de
la región, y si no cuenten cuantos de
los músicos extremeños de la escena
nacional han grabado sus discos en la región,
Bebe, Extremoduro, como antes hicieron Pablo
Guerrero o Luis Pastor encontraron su sitio
fuera de la región. Es cierto que ahora
no es tan necesario emigrar por razones económicas,
ya que en la región hemos avanzado bastante
y podemos encontrar (no siempre, ojo) en Extremadura
trabajos bastante similares a los que encontraríamos
fuera. Sin embargo, para avanzar realmente en
la región hemos de evitar también
la fuga de talentos, y no sólo en el
campo del arte la cosa está difícil,
de mi promoción de la universidad, los
mejores alumnos con los que compartí
pupitre están ya fuera de la región
(salieron incluso antes de acabar la carrera),
y ninguno tiene hoy por hoy expectativas de
volver, por muy amantes de su tierra que sean.
Es que aquí, sencillamente, no podemos
darles lo que ellos necesitan.
Todos hemos sido jóvenes, y aquel que
está empezando, lo que necesita es algo
muy básico: confianza. Confianza por
parte de las instituciones, confianza por parte
de las empresas privadas, confianza por parte
de la sociedad en general. Y confianza en nuestras
capacidades, confianza en nuestras propuestas,
confianza en el nuevo modelo que muchos anhelamos.
Y ahora es cuando la cosa empieza a ir más
allá. El modelo que muchos jóvenes
buscamos es tan distinto del actual, que muchos
podrían llamar a este cambio revolución.
A quien esta palabra le incomode que busque
eufemismos como evolución (como hicieron
los portugueses el pasado abril) o renovación
generacional, el caso es que a mí la
palabra revolución me gusta y me motiva.
Pero hemos de ser conscientes que nuestra revolución
necesita un nuevo cemento moral que una todas
nuestras convicciones en una misma dirección,
y ahí es donde hemos de crear el debate,
donde ideologías muy diversas se dan
cita en una misma idea: virar esta tierra de
una vez, lograr ese cambio, acabar con una situación
que a nadie le gusta pero que todos admitimos
con la lapidaria frase “así son
las cosas”. Hay numerosos puntos comunes
en los que todos nos apoyamos, queremos cambiar
competencia por cooperación, queremos
quitarle la batuta al dinero y dársela
a nuestra imaginación, queremos cambiar
solitario por solidario, queremos tomar las
riendas de nuestras vidas, y tantas otras, pero
sobre ellas una: tenemos confianza en la juventud,
sabemos que nunca en la historia la juventud
ha fallado, y sabemos que es el motor que hace
prosperar a las sociedades. Queremos construir
nuestro propio hábitat, un espacio en
el que nos sintamos más a gusto el día
de mañana.
Nuestro futuro está ya imaginado, estamos
empezando a poner incluso las primeras piedras,
¿quieren colaborar?
Miguel Blanco Otano
Badajoz
8 de septiembre de 2004