Alberto
Pérez es un importante cantautor. Nace
en la localidad de Sigüenza en la provincia
de Guadalajara. Con Joaquín Sabina y
Javier Krahe salta a la fama hacia el año
1981 trabajando los tres en La Mandrágora,
pequeño local de la Cava Baja madrileña.
Un disco recuerda aquella experiencia. Pérez
era una pieza importante en las actuaciones
del trío, pero en 1982 se separa de sus
dos compañeros.
Alberto Pérez asegura que aportó
a la Mandrágora: el sentido del humor,
el sentido de la puesta en escena, del espectáculo
y el romanticismo. Aunque, dice, cada uno de
sus compañeros tiene su sentido del humor.
De las canciones de La Mandrágora con
temas como “Mi ovejita Lucera” o
“La tormenta”, pasa a cantar en
solitario boleros utilizando una peculiar forma
de relacionarse con el público. Ha hecho
radio, cine y televisión. Es un hombre
polifacético. Un todo terreno que se
subió a los escenarios a la edad de seis
años y continúa en ellos como
si el tiempo no hubiera pasado por él.
- Dicho todo esto, la pregunta es obligada,
¿cómo definiría Alberto
Pérez su carrera profesional?
- Joaquín Sabina me definió en
su día como un chico que canta. No sé
si ahora sirve la definición, pero sí
puedo decir que toda mi vida ha estado relacionada
con la música. De pequeño canté
en una escolanía, fui músico de
rondalla, de teatro y de cine en otros países,
escribí métodos de enseñanza
musical, canté boleros y música
de siempre en televisión durante tres
años, he hecho radio en distintas cadenas,
he compuesto en colaboración, he investigado
con Chicho Sánchez Ferlosio sobre los
ritmos de América y ahora estoy investigando
sobre la canción a capella. Todo esto,
incluso los viajes, está relacionado
con la música. Para definirme podría
decir que soy una persona marcada por la música,
perseguida por la música. Llevo toda
la vida revolcándome por la música.
Mi afición a la geografía, al
teatro, a la narración oral, todo está
integrado en la música. Cuando actúo
estoy con los mayores, con los pequeños,
con la pasión con el romanticismo, canta
el público, canto yo, estoy dentro y
fuera del escenario.
- A los seis años formaba parte
de la escolanía de la Sagrada Familia,
a los dieciséis formó un grupo
de pop. Alberto háblanos de esas experiencias.
- Todo eso fue en mi pueblo. Yo no conocía
entonces más que Sigüenza, una ciudad
muy bonita que invito a conocer a todos. Luego,
me gasto todo mi dinero en excursiones, una
amigo pintor me dice que soy un trovador paisajista.
Sigüenza es una ciudad que tiene que ver
con lo extremeño por una sobriedad que
recuerda a Plasencia, Trujillo o Cáceres.
Volviendo a la pregunta, el cantar con hábito
blanco y cruz de madera, la rondalla y el grupo
pop por los barrios, todo eso es en Sigüenza.
- Es seguro que te lo habrán
preguntado miles de veces, pero ¿qué
recuerdos tienes de tu paso por La Mandrágora?
- Recuerdo sobre todo la risa, las carcajadas
de la gente y las nuestras y el humo. El humo
y la risa, en este orden. Y que éramos
un trío de amigos que se lo pasaban muy
bien.
- Alberto, ¿qué relaciones
mantienes actualmente con Krahe y Sabina?
- A Javier (Krahe) me lo encuentro con frecuencia
porque vive al lado de mi casa. Se ha cambiado
y yo le digo que me sigue. Y a Joaquín
(Sabina) no lo veo porque es evidente que estamos
en distintos circuitos, hemos elegido tipos
de vida distintos. Javier y yo trabajamos por
voluntad propia en circuitos de canción
de autor (teatros, cafés, bares, universidades),
y Joaquín está en los circuitos
más grandes. El lleva un equipo de gente,
yo viajo solo. Llevo en mi coche la guitarra,
una maleta y el equipo de montaña. Cuando
fui director de orquesta durante doce años,
eso no lo podía hacer. Bueno, a Javier
me lo encuentro tanto en mi barrio como en los
circuitos en los que coincidimos, a Joaquín
lo veo menos, pero la relación es cordial.
- Figura en los datos biográficos
que aparecen en Internet sobre Alberto Pérez
que cuando se escindió de La Mandrágora
se fue a Sigüenza a cuidar una granja…
¿Cómo definiría esta experiencia?
- La definiría como falsa. Sé
que ese dato circula por Internet, pero eso
se lo inventó alguien, no se quién,
porque yo no he estado nunca en una granja.
Además, cuando me fui de La Mandrágora
no me fui de Madrid. Yo no volví a Sigüenza.
Bueno, vuelvo a ver a mi madre, a los amigos,
pero nunca a una granja. Eso es una afirmación
de un imbécil.
- Te pido disculpas por el error.
- No, no, me alegro que me lo preguntes porque
así me das la oportunidad de corregirlo.
Me gustaría hacer una página web
para corregir ese tipo de cosas, para hacer
mis propias andanzas. Por voluntad propia me
sustraigo de los grandes medios, de los grandes
promotores, de las grandes multinacionales del
disco, por un lado lo paso mejor, pero por otro
lado, hay cosas que hago que no llegan a su
destino. Me tomaré en serio hacer la
página web para que la gente sepa lo
que hago, cosas que a lo mejor ni se imaginan.
- ¿Cómo fue tu experiencia
en televisión?
- En televisión interpreté un
personaje, que me inventé yo, para cantar
canciones de todas las partes y todas las épocas
en una época en la que eso todavía
era peligroso, porque la cantautoría
tenía ese sentimiento excluyente del
izquierdismo. Los cantautores no bailaban y
yo en el 84 me di el gustazo de cantar canciones,
tantos, boleros, que luego los cantautores han
cantado. Canté cien canciones en televisión
en cuatro años. A partir de ahí
formé una orquesta y recorrimos mundo.
Pero el paso por televisión fue el de
un trabajo muy intenso, tenía que preparar
las canciones sobre un guión que no estaba
armado. Dos días antes de la grabación
escuchaba canciones apropiadas en Radio Nacional
y cuando la tenía iba al director de
la orquesta y decidíamos en qué
tono la cantábamos, con qué duración…
Era un trabajo contrarreloj. Así durante
tres años. Fue un trabajo intenso que
me puso a prueba. Fui mitad cantante y mitad
actor, porque no cantaba yo, sino un personaje,
algo que muchos no entendieron, sobre todo en
mi profesión, ahora no hay problemas,
todo el mundo canta rancheras, boleros…,
pero yo lo vi antes, yo lo hice antes…
Nunca me vi en la televisión, porque
nunca he tenido televisión. Tuve una
pequeña y me la robaron unos cacos. Me
hicieron un favor. Me gusta mucho más
la radio.
- Hiciste programas musicales en la
SER y en RNE. ¿La radio actual da buen
tratamiento a la música?
- Es difícil de decir. Las emisoras comerciales
tienen que rentabilizar sus espacios, se juegan
los cuartos, tienen mucha gente en plantilla,
cada vez menos, tienen que cobrar por lo que
se hace ahí, lo que significa que llegan
a acuerdos con las compañías discográficas
cuando no son ellos los dueños de una
discográfica o promotoras de conciertos
y ponen lo que a ellos les da beneficios, que
es lo que oyes en todas partes. Echo de menos
una radio como la que yo hacía en los
años 80 en la que podías cantar
con la guitarra en la mano y llamaba la gente
de todas partes, de todo el mundo, desde Inglaterra,
desde alta mar, camioneros. Hacía la
radio de noche. Era una radio que tenías
que improvisar, era el público el que
marcaba su pauta. Es natural que yo la eche
de menos. Echo de menos la música en
directo y que se de entrada en la radio a gente
que no es famosa. Al final se entrevista al
que ya es famoso y es más apasionante
hablar con una persona que empieza. La mejor
cantante de España es de Badajoz, a lo
mejor, Mili Vizcaíno. Cuando estamos
cerca siempre cantamos juntos. Es la mejor cantante
de todos y me fastidia que no suene. Pero las
cosas tienen un proceso.
- ¿Internet tiene importancia
en la difusión de la música?
- Mucha. Para bien o para mal, para las compañías
discográficas o de gestión de
derechos de autor, para su disgusto, dejan de
recaudar, pero esa libertad que da el que la
gente pueda intercambiarse cosas… Todas
las canciones que hago yo ahora las tengo preparadas
para colgarlas en Internet para que la gente
las use. Yo lo que quiero es que mi música
se difunda. Ya me gano la vida cantando en el
escenario. Internet es una maravilla, el poder
no se podía imaginar que le saliera un
competidor así. No me gustan mucho las
máquinas, pero Internet me facilita la
vida y, de hecho, lo utilizo mucho en los viajes
para escribirme con la gente y para bajarme
archivos de música de cosas que no están
editadas, que escapan al control de las compañías
de discos.
- Has intervenido en diversas películas,
entre otras en “El viaje a ninguna parte”
de Fernando Fernán-Gómez, una
de las mejores del cine español. ¿Qué
recuerdos tienes?
- Son recuerdos muy buenos porque la canción
que canté la grabamos en un pueblo de
Toledo durante toda la noche y recuerdo las
conversaciones que tuve con Fernando en los
descansos. Le pregunté, Fernando ¿cómo
quieres que cante, mirando al tendido o al infinito?
Y me dijo: Casi mejor eso del infinito. Recuerdo
las conversaciones con Pepe Sacristán,
con Juan Diego… El viaje, la vuelta, son
cosas que no se olvidan…
- Alberto, ¿cómo es tu
investigación sobre la música
de América Latina?
- Caí por azar en estos géneros
cuando hacía el programa “Si yo
fuera presidente”. Me pareció que
había que recuperar una música
que por miedo la gente no cantaba porque decían
que era reaccionaria, aunque Franco se había
muerto hacía muchos años. Pero
yo consideraba que un buen tango, un buen bolero,
un buen fado eran tan buenos o mejores que muchas
canciones de autor. En el programa no tuvieron
inconveniente en que cantara este tipo de canciones
y eso me llevó a investigar. Hice una
lista de esos géneros y compuse un ejemplo
de cada uno. Las canciones salieron en dos discos
que no se encuentran: “Sobre la pista”
y “Tiempo de baile”. Todos los años
me llaman de universidades de verano para que
de cursos sobre esta música a músicos,
universitarios. Generalmente son sesiones de
identificación de ritmos. Tuve un programa
en la heroica Radio 3 que se llamaba Corazón
loco y estuve más de dos años
y me escribía mucha gente, me mandaron
colecciones y tengo relaciones con muchos estudiosos
de la música de América.
- También estás relacionado
con festivales y encuentros de narración
oral. ¿Existe interés por la narración
oral en nuestros días?
- Sí, la palabra es un vehículo,
después de los gestos, el más
primario, el más puro. Yo aporto la música
a esos circuitos. Me he inventado un espectáculo
que se llama “Alberto Pérez y su
orquesta volátil” que me encargó
el Ayuntamiento de Madrid y que estuvo haciendo
en el Retiro todo el verano pasado. Hubo llenazos.
De ahí me han ido llamando a distintos
festivales internacionales. La palabra la uno
a la música. Surgió porque en
mis conciertos yo siempre cuento algo sobre
la canción que voy a cantar, han visto
como lo cuento y por eso me llaman para estos
festivales. En el espectáculo cuento
las peripecias de una orquesta y hago todos
los ritmos con las manos.
- ¿A qué se debe que
tus discos salgan tan espaciados?
- Pues se debe a que no me gustan los estudios
de grabación, yo tengo mi propio estudio,
mi propio sello discográfico. No me gusta
encerrarme en un estudio, cerrar las ventanas
para que no entre ruido, repetir las cosas,
manipularlas… Me gusta más el directo.
En el fondo me gustaría grabar unos cuantos
discos en directo, pero como voy a salto de
mata, pues no lo hago. Tengo más que
a medias un disco con guitarra y voz y otro
a capella. He inventado una técnica para
tocar ritmos con la guitarra que no se habían
tocado hasta ahora. He ido haciendo discos,
pero no se encuentran. Unos los he producido
con mis medios y se los he vendido a multinacionales,
otros los han producido multinacionales. Podría
volver a grabarlos, pero me da pereza meterme
en el estudio. A mi los discos no me gustan
mucho, me gusta escuchar a la gente en directo
y eso lo pago, tiene un precio. Pero yo he escogido
esta manera de vivir. Cualquier día hago
un disco.
- Alberto, ¿por qué tipo
de música te decantarías?
- Es difícil elegir, importa más
el estilo, la manera de cantar de cada uno.
Pienso que me gusta el jazz, el blues, el espiritual…
Pienso en músicos, en cantantes, en Gardel,
Celia Cruz, Armstrong, Holliday, Camarón,
la Niña de los peines, la música
brasileña, no tengo preferencias…
Casi ninguna de las alrededor de veinte canciones
que canto en mis conciertos tiene los mismos
ritmos. Lo importante es que les des tu propio
sello, tu propio estilo.
- ¿Cómo ves el bolero
en este momento e, incluso, la canción
tradicional española?
- La gente canta los boleros de una manera muy
rancia, les saca justo lo que habría
que quitarle, esa cosa rancia, las telarañas.
Y la canción española, pues…
no sé que decirte. Aprecio los intentos
que se hacen de renovación, pero al final
siempre acabo escuchando sobre todo a Miguel
de Molina o a Concha Piquer. No sé, la
canción española tiene un aire
costumbrista, folklórico que la hace
más perecedera, menos universal que el
bolero. El bolero es más filosófico,
es más esencial, casi nunca tiene atrezzo,
no tiene decorado. Sin embargo, la canción
tradicional española, el decorado, fíjate…,
está siempre presente. Es muy difícil
sacarla de esa cosa pintoresca, costumbrista.
Sin embargo, el bolero se mantiene, salvo en
algún caso. El tango estaría entre
las dos: tiene bastante atrezzo, pero tiene
una reflexión grande, sobre todo los
de Discépolo. Ahora nadie canta como
Gardel. Hay cantantes que sentencian los géneros.
- ¿En qué trabajas ahora?
- Bueno, viajo todo el tiempo. Estoy haciendo
una gira por Cádiz, otra por la ribera
burgalesa, he estado en Menorca, en una gira
por Galicia, adonde vuelvo de nuevo y, luego,
a un maratón internacional de narración
oral en Guadalajara. En julio quiero estar quince
días en casa y en agosto y septiembre
tengo trabajo.
- Despídete de los amigos de
badajozcity.com
- Les mando a ellos y ellas un abrazo. Cuando
vuelva a casa entraré a ver qué
es lo que se dice y espero que no se hable muy
mal de mí. Un fuerte ciber abrazo para
los visitantes de badajozcity.com