Carnaval
en los sentidos
Las fiestas de Carnaval son las más representativas
de Badajoz. Digo bien representativas porque expresan,
como ninguna, la forma de ser y de sentir de los badajocenses
y recogen la suma de todas las festividades y tradiciones
que en la historia y a lo largo de ella se han venido
celebrando en nuestra ciudad. Carnaval es sello de
identidad, marca de la casa por méritos propios,
es decir, por el alma de la fiesta, por la fiesta
en sí que ha sabido crecer, sobreponerse, evaluar
y encontrar su lugar en el catálogo de peculiaridades
de una ciudad como Badajoz donde siempre resulta complicado
conciliar unanimidades. En el caso del Carnaval, esa
unanimidad se da precisamente porque, disfrutando
o no de la fiesta, quedándose o marchándose,
gustando más o gustando menos o no gustando
nada, está claro que hay una constatable mayoría,
yo diría que más que mayoría
unanimidad, que considera cierto lo que trato de afirmar.
Que el Carnaval de Badajoz es nuestra mejor bandera,
nuestro mejor escaparate y nuestro mejor discurso.
Y lo es porque es de todos y de ninguno, porque se
trata de una fiesta sin propietario en exclusiva y
con todos los participantes que se quieran unir a
ella sin más limitación que la que impongan
su imaginación o su sentido del ridículo.
No es una fiesta cerrada, hecha a nuestra medida o
a la medida de unos pocos, como sucede en otros lugares,
de tal guisa que el forastero pueda sentirse extraño
por no entender prolegómenos, pormenores y
epílogos de una celebración atípica
y poco tópica, algo inexplicable si tenemos
en cuenta que estamos hablando de una fiesta que se
celebra en todo el mundo desde tiempos pretéritos.
Uno llega al Carnaval y no tiene que pasar un examen
ni una prueba de autenticidad. Se pone un disfraz
o no y se lanza a la calle a vivir el ambiente, a
que el ambiente amablemente lo devore. Así
es esta fiesta. Así es nuestra fiesta. Nuestra.
De todos. Para todos. Aquí nadie tiene títulos.
Aquí no se reparte títulos. Aquí
lo que se distribuye, sin peso ni medida, es la capacidad
para divertir, el ánimo de perdonar la diversión,
la voluntad por hacer que los sentidos se salgan,
revienten, se transformen y, aquello que experimenten,
no se olvide.
Esto es así porque nunca hubo en la historia
de Badajoz – ni en el pasada creativo, productivo
y estelar de intelectualidades dispares y sociedad
civil efervescente ni en el presente donde conviven
con fortuna la tecnología y la información
con los recursos sin límite – un tótem,
un ídolo, una seña, una huella, una
marca, un estandarte, llámesele como se quiera
con el mayor de los respetos, que concitara a despertar,
esa revolución de los sentidos que provoca
una fiesta a simple vista sencilla pero en el fondo
intensa, penetrante, multicolor y con fundamento.
La fiesta de Carnaval reúne en torno al disfraz,
la máscara, el gorro, la música, el
baile, el tambor, las guitarras, la percusión,
la gracia, el descaro y, preeminentemente la madrugada,
una antología de sensaciones que pellizcan
el alma y, sobre todo, los sentidos. Sensaciones que
nos sacan del letargo, que nos despiertan el sueño
de la rutina, que nos disparan hacia inimaginables
cotas de bullicio y desbarajuste. Porque es ahí
donde radica el meollo de la cuestión: en el
desbarajuste. El Carnaval es desbarajuste, anarquía,
caos, juerga, cachondeo, gusto, recreo, alegría,
esparcimiento, jarana, distracción, entretenimiento,
solaz, , parranda, desahogo y farra. El Carnaval es
aparcar la vida de cada día, liberarse de esas
ataduras que cada uno tiene y las tiene como quiere
o como puede y abandonarse al placer de darle gusto
a los sentidos. Sentidos que agradecen el esfuerzo
de anónimos y conocidos, de particulares y
grupos, de murgas y comparsas, de niños y mayores,
de colegios y asociaciones, de autoridades y sociedad
civil que se vuelcan con una fiesta a la que hay que
sacarle cada año todo su jugo para que no pierda
su fuerza ni su esplendor ni su capacidad de sorprender.
Espero que en este año de 2006 el Carnaval
de Badajoz siga mostrando sus credenciales como la
fiesta más importante de Extremadura y una
de las más importantes de España.
Miguel A. Celdrán Matute
Alcalde de Badajoz