miércoles, 23 de julio de 2008 ESPECIAL FERIA DE SAN JUAN   

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Carnaval en los sentidos

Las fiestas de Carnaval son las más representativas de Badajoz. Digo bien representativas porque expresan, como ninguna, la forma de ser y de sentir de los badajocenses y recogen la suma de todas las festividades y tradiciones que en la historia y a lo largo de ella se han venido celebrando en nuestra ciudad. Carnaval es sello de identidad, marca de la casa por méritos propios, es decir, por el alma de la fiesta, por la fiesta en sí que ha sabido crecer, sobreponerse, evaluar y encontrar su lugar en el catálogo de peculiaridades de una ciudad como Badajoz donde siempre resulta complicado conciliar unanimidades. En el caso del Carnaval, esa unanimidad se da precisamente porque, disfrutando o no de la fiesta, quedándose o marchándose, gustando más o gustando menos o no gustando nada, está claro que hay una constatable mayoría, yo diría que más que mayoría unanimidad, que considera cierto lo que trato de afirmar. Que el Carnaval de Badajoz es nuestra mejor bandera, nuestro mejor escaparate y nuestro mejor discurso. Y lo es porque es de todos y de ninguno, porque se trata de una fiesta sin propietario en exclusiva y con todos los participantes que se quieran unir a ella sin más limitación que la que impongan su imaginación o su sentido del ridículo. No es una fiesta cerrada, hecha a nuestra medida o a la medida de unos pocos, como sucede en otros lugares, de tal guisa que el forastero pueda sentirse extraño por no entender prolegómenos, pormenores y epílogos de una celebración atípica y poco tópica, algo inexplicable si tenemos en cuenta que estamos hablando de una fiesta que se celebra en todo el mundo desde tiempos pretéritos. Uno llega al Carnaval y no tiene que pasar un examen ni una prueba de autenticidad. Se pone un disfraz o no y se lanza a la calle a vivir el ambiente, a que el ambiente amablemente lo devore. Así es esta fiesta. Así es nuestra fiesta. Nuestra. De todos. Para todos. Aquí nadie tiene títulos. Aquí no se reparte títulos. Aquí lo que se distribuye, sin peso ni medida, es la capacidad para divertir, el ánimo de perdonar la diversión, la voluntad por hacer que los sentidos se salgan, revienten, se transformen y, aquello que experimenten, no se olvide.

Esto es así porque nunca hubo en la historia de Badajoz – ni en el pasada creativo, productivo y estelar de intelectualidades dispares y sociedad civil efervescente ni en el presente donde conviven con fortuna la tecnología y la información con los recursos sin límite – un tótem, un ídolo, una seña, una huella, una marca, un estandarte, llámesele como se quiera con el mayor de los respetos, que concitara a despertar, esa revolución de los sentidos que provoca una fiesta a simple vista sencilla pero en el fondo intensa, penetrante, multicolor y con fundamento. La fiesta de Carnaval reúne en torno al disfraz, la máscara, el gorro, la música, el baile, el tambor, las guitarras, la percusión, la gracia, el descaro y, preeminentemente la madrugada, una antología de sensaciones que pellizcan el alma y, sobre todo, los sentidos. Sensaciones que nos sacan del letargo, que nos despiertan el sueño de la rutina, que nos disparan hacia inimaginables cotas de bullicio y desbarajuste. Porque es ahí donde radica el meollo de la cuestión: en el desbarajuste. El Carnaval es desbarajuste, anarquía, caos, juerga, cachondeo, gusto, recreo, alegría, esparcimiento, jarana, distracción, entretenimiento, solaz, , parranda, desahogo y farra. El Carnaval es aparcar la vida de cada día, liberarse de esas ataduras que cada uno tiene y las tiene como quiere o como puede y abandonarse al placer de darle gusto a los sentidos. Sentidos que agradecen el esfuerzo de anónimos y conocidos, de particulares y grupos, de murgas y comparsas, de niños y mayores, de colegios y asociaciones, de autoridades y sociedad civil que se vuelcan con una fiesta a la que hay que sacarle cada año todo su jugo para que no pierda su fuerza ni su esplendor ni su capacidad de sorprender. Espero que en este año de 2006 el Carnaval de Badajoz siga mostrando sus credenciales como la fiesta más importante de Extremadura y una de las más importantes de España.

Miguel A. Celdrán Matute
Alcalde de Badajoz


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