"No
es desdeñable enseñanza la que nos
hace la materia... Sus conformaciones, o deformaciones,
son la confesión perdurable que la espiritualidad
deja, como prenda de su fluído ser, en
nuestras manos." (Ortega y Gasset).
Contar con la posibilidad de residir durante un
periodo considerable en Japón es toda una
suerte desafiante, pero estar en medio de su población
es todo un recital de sorpresas.
Japón es un estar contigo para desaparecer
un instante; una mirada cómplice para volverse
hermético; un gesto inequívoco para
tornarse de nuevo máscara. Japón
te da la justa confianza para que desconfíe
uno de sí mismo, para que cual niño,
nos acerquemos a la orilla y en el venir de las
olas, apartemos nuestros pies descalzos, cual
quite a nuestra propia sombra.
Los orientales que en su día se asentaron
a lo largo de unas islas que agrupadas darían
lugar, con el paso del tiempo, a lo que hoy llamamos
Japón no debieron solamente quedar sorprendidos
por el vergel de lo que se adueñaban, sino
que también lo amaron.
Lo más parecido a nuestra imagen exótica
de los antiguos árabes es la de los japoneses
(La Alhambra es su cómplice y Badajoz,
ciudad romana con alcazaba mora, su alegato).
La vida del japonés medio es tan humana
como sensual: No he visto, hasta ahora, otro tipo
de raza que venere y estime a la Madre Naturaleza
como ellos lo hacen.
Es más, me atrevería a decir que
ellos carecen de Religión, que - carecen
de Arte, puesto que cada uno de sus pensamientos,
cada uno de sus actos son manifestaciones, combinaciones
o variaciones de la Naturaleza espiritual de su
esencia: Festividad, rito o gesto son cómplices
expresivos de lo natural.
Esta vez, quiero referirme a ese su conjunto de
creencias íntimas que podrían conformar
el andamio central de la mentalidad japonesa.
No siendo el aspecto religioso una clave para
sus celebraciones y vidas diarias, no deja de
llamar la atención la variedad de compromisos
que llevan a cabo. He aquí una pequeña
muestra:
A los 30 días del nacimiento de un bebé
se realiza una ceremonia en un santuario Shinto
entre los familiares. Existe un festival -con
visita a santuario - el 15 de Noviembre para todos
los niños de 3 y 5 años. Fiesta
de flores del melocotón y muñecas-kimono
para ellas el 3 de marzo, junto a una visita a
un templo budista. Hoy en día, además,
es costumbre habitual contraer matrimonio mediante
rito shinto y a la semana más tarde, hacerlo
en una iglesia católica con todo el consabido
despliegue y parafernalia.
Sigue siendo la religión budista la encargada
de velar por los difuntos y antepasados.
Por todo ello, digo que es difícil determinar
con precisión las coordenadas religiosas
del japonés.
En primer lugar, el término
"KAMI" es un concepto básico
para entender la aproximación y acercamiento
hacia la idea de Pureza.
Las aguas, rocas, árboles, montañas...
son lugares propicios para que de una forma temporal
o permanente pueda residir el “kami”
o espíritu superior (incluidos los espíritus
de los antepasados): Espíritus benévolos
y generosos o de origen malévolo con fuerte
influencia sobre los humanos.
Por haber sido Japón una nación
arrocera y campesina se venerado siempre los "kami"
de los campos, aldeas y grupos familiares.
La idolatría que todo nipón siente
en sus entrañas hacia el Monte Fuji, no
es casualidad; debajo, subyace la milenaria creencia
de que era en las montañas, especialmente
en invierno, donde residían los "kami"
o espirirus de los antepasados. (La montaña
es el símbolo del más allá).
Para la siembra, para su fertilidad y productividad,
para la recolección de la cosecha... para
todas y cada una de las labores agrícolas
existía un “kami” al que después
habría que ofrecerle una fiesta para agradecer
sus ayuda (además de, huelga decirlo, la
celebración periódica de ritos para
honrarlos).
Aún hoy perdura la tradicional celebración
de “Goryo-E”: Fiesta para aplacar
a los kami malévolos o a aquellos kami,
que siendo benévolos, pudieran haberse
enfadado por el mal comportamiento de los seres
humanos: Divertirlos para convertirlos en favorables.
A este efecto, la religión popular cree
en la existencia dos tendencias dentro de todo
ser: La caótica, destructiva y negativa,
y la pacífica, cósmica y que aspira
a la armonía.
Las creencias populares japonesas están
basadas también en el concepto o dicotomía
entre "puro-impuro". Los kami, podían
sentirse también ofendidos por la impureza
del mundo de los humanos: Nacimiento, menstruación,
sexo y muerte.
Lo que más me agrada hasta este punto es
constatar esa amable inclinación que tiene
el alma hacia el Espíritu. La peculiar
forma como lo hace la japonesa es lo que he intentado
hasta ahora monstrar. Sacrificar la inteligencia
en pos de la sensualidad no es tan mala desdicha
para los apócrifos de Babel. Es la única
caricia lógica que nos permite la Pureza
sin necesidad de quebrantar la voluntad. De lo
contrario, sólo nos podríamos dedicar
al pensamiento alimentándonos exclusivamente
del aire que nos mostró Velázquez
o vivir fraudulentamente de nuestros instintos.
Imposibilitados para tales opciones, seguimos
nuestros pasos mojados en la orilla de la Pureza,
de la fineza o ...
¿Y a qué Pureza me estoy refiriendo?
No a la racial ni a la étnica, ni la animal
ni de la inocencia, ni de la materia ni de la
moral, sino la del sentimiento interior, la del
Amado, la que nos recuerda el sabroso bocado de
Adán, ésa que al sentirla se nos
diluye entre las manos...
Quizás sea por ello, que en Japón
he aprendido la esencia del toreo:esa danza que
hace el bailarín a la Muerte, al toro,
a su propia muerte.
No reniego de nuestra cultura: de Mozart, de la
ira de Dios, del Imperio y de la Penicilina, de..
pero, por favor, dejad que mi alma renueve y se
bañe en, lo que considero, la paradoja
de Occidente.
No me acerco al coro de los shamisen o las sentenciadoras
flautas de bambú, a los jardines de piedrecita
Zen, con vanidosa pretensión; simplemente
lo hago con la humildad de mis límites:
Además de ser inabarcable, la perfección
es injusta. ¿No es ése el verdadero
significado del “pecado”, en esta
parte del Eúfrates?.
La Torre de Babel, por principio, es excluyente,
de ahí su circularidad y unidad. Por lo
tanto, ¿no osaremos nosotros ser los arquitectos
de tan nefasta idea, verdad?.
Habiendo aprendido los errores de nuestra historia,
me gustaría cantar bajo una lluvia de pétalos
de sakura (cerezo) todo lo bello, justo y verdadero
que trajo Occidente, es decir, ahora si, lo virtual
de Babel. Viéndolo así, bajo esta
perspectiva, Babel y todas sus combinaciones son
reales.
Mientras, nosotros, aquí, libremente imperfectos.
Por cierto... ¿y dónde está
Babel?. Aquí, donde el hombre camina y
descansa para volver a caminar. Es por ello que
Nietzsche, en su divina intuición, expulsara
del Nacimiento de la Tragedia a la Arquitectura
-- cual guiño al Paraíso condenando
al hombre, simple y eternamente a danzar sobre
si mismo.
Por eso Japón, nuestra paradoja, calla
humildemente y se refugia en las montañas,
en las flores, en los volcanes, en el mar, en
la luna para que en su bacanal sinfonía
deleitarse en los misterios Naturaleza.
Es como si Japón se parase y contentase
con su facilidad para contemplar un color nuevo,
más allá del violeta...
¿Y qué nos dice el Budismo en el
contexto cultural japonés?.
Alrededor del año 538 a.C., a través
de Corea, el Budismo inicia su llegada a Japón.
Luego vendrán otras tendencias diferentes,
siendo influido por las creencias ying-yang y
el Budismo esotérico. Un proceso profundo
de simplificación del Budismo se produjo
entre las masas populares, mientras que tan solo
en una élite minoritaria sobrevivirá
el budismo Zen, resaltando la salvación
a través del esfuerzo personal y la iluminación
interior.
El Budismo, en Japón, constituyó,
además de un sistema religioso, un complejo
entramado cultural que influyó en literatura,
arte, arquitectura y en la misma vida diaria,
terminando por ser asimilada y transformada en
religión autóctona. Durante varios
siglos, ocupó un lugar privilegiado en
la sociedad japonesa.
El Gran Espíritu Ancestral, como unión
de todos los dioses titulares fue considerado
el antepasado común de los japoneses; dicha
faceta quedó fuertemente enraigada en la
religión budista, de tal modo que el servicio
a los difuntos y el culto a los antepasados se
convirtió en el rasgo más inequívoco
de la religión budista en Japón.
Mención especial también merece
el confucionismo por su aportación ética
o filosófica. Como ya hemos visto, mientras
que el shinto tenía a su cargo la magia,
la reproducción del ciclo vital y la armonía
entre "kami" y seres humanos, el budismo
se ocupaba del más allá, de los
antepasados y ritos funerarios. La ética
confuciana establecería el comportamiento
social, composición de rangos y jerarquías
dentro de la sociedad.
La etiqueta ritual, la forma de comportarse ante
los otros y su buen manejo, era uno de los caminos
para la verdadera autorrealización del
ser humano. Puestas las bases jerárquicas,
un emperador (divino), sabios y doctores, establece
el Tao (camino) como medio de llegar a la perfección.
Las artes y ceremonias tradicionales japonesas
(caligrafía, arte floral, ceremonia del
té) deben parte de su estética a
este concepto.
La moral confuciana, las normas de jerarquía
y respeto hacia los padres se fijaron como prototipo
y comportamiento ideal del japonés. La
figura del samurai contó como el incondicional
adepto a dicha filosofía (En la literatura
japonesa existen diversos obras recreándose
sobre este sentimiento íntimo de tiempos
de la era Meiji - Siglo XV --, sobre las venganzas
realizadas por despecho a sus señores feudales,
sobre la lealtad inquebrantable que se tenía
a la figura del Emperador, resaltando la importancia
de esta figura que representaba al antepasado
de todos los japoneses).
Por ello, uno sospecha de lo de Judas, de los
besos robados.. Uno no sabe si estar de acuerdo
con Adam, esta vez Smith; de que dentro de este
teatro que es el mundo, las relaciones comerciales
también estuvieron regidas, como él
afirmaba, por la "Mano Invisible".
Así, llegaríamos a la seductora
y cósmica conclusión de que lo único
real que existe aquí son ... los deseos...
los sueños. ¿Y los sueños,
de dónde proceden? De la fantasía
que desprende la materia. De la materia donde
se vierte la fantasía. Los sueños,
lo más irreal de la vida, lo único
real del alma. Los sueños, inequívoca
y limitada participación de la Creación,
subsconsciente y bacanal fluir del Caos.
Y como cantara el samurai... "Yo soy sueño
y por lo poco que entiendo no me queda más
remedio que hacerme pétalo de cerezo (sakura)".
(¿Será esto la semejante fragancia
que describiera Lady Murasaki, en su novela Genji
Monogatan?, "Mono no aware". Otrodía
nos dejaremos seducir por tal bello sentimiento).
Después de los tristes episodios de la
II Guerra Mundial, Religión y Estado quedan
separados; la Constitución ampara la libertad
religiosa y se inicia el desenfreno de la industrialización.
Hoy en día podemos ver una preocupante
proliferación de sectas de toda índole:
Habiendo sido testigo presencial de una, cuyo
letal panegírico en el metro de Tokyo,
todos conocemos (Episodio del gas sharin).
Sin embargo, el japonés medio sigue celebrando
los ritos anuales del Año Nuevo, Día
de los Niños, Fiestas de las flores; Fiesta
de las Estrellas, del Equinoccio, de la Primera
Cosecha...
Como rasgo distintivo de la religión en
este siglo, ha sido su incorporación en
la estructura interna de las grandes empresas
y multinacionales japonesas: Compra de mausoleos
o extensiones de tierra para edificar sus propios
cementerios; Honra del Espíritu de los
antecesores de la empresa, reconociéndoles
su labor y entrega durante su vida; Reserva de
un pequeño altar al fundador de la Sociedad
junto a una estatua del zorro mítico (deidad
del arroz en el pasado y "kami" venerado)
para la buena suerte de los negocio.
La bendición, por parte de sacerdote shinto,
de la tierra donde se edifique una futura empresa
o la visita, en grupo de empleados, de algun templo,
son también parte de los "ritos y
festivales" empresariales.
¿Entienden, ahora, por qué hablaba
de "paradoja"? Con la incorporación
de todos los hombres es posible vivir todo los
humanamente posible: Japón también
incorpora muestras de algo "bello, justo
o verdadero". Con dicha perspectiva, Babel
y sus virtuales combinaciones afloran y se nos
presentan como reales...
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