Buscaba yo
una imagen o una comparación sobre el abrirse,
igual que esas portadas de autoayudas con un hombre
cerrado sobre sí mismo, agachada su cabeza
sobre sus rodillas y las manos envolviendo a su
vez a la cabeza. Y hoy se me ha ocurrido la del
capullo de esa flor que en documentales la vemos
abrirse rápidamente sobre ella misma, abriéndose
a la claridad, desplegándose sobre ella
misma; verde los pistilos como celdas cerradoras
pasando a pétalos de color en alegría,
abriéndose con frenesí y apareciendo
los pistilos o esos tubos largos, que son la esencia
para las mariposas.
El tiempo lo cura todo, pero no se sabe, es cierto
que hay cosas que ayudan al tiempo a curar, a
que vaya más deprisa, o más bien,
a que el tiempo ocurra antes, o sea, a que ocurra
el tiempo.
Por ejemplo, estar en sitios agradables, frescos:
estar al lado del mar, de playas desnudas, de
buen gusto de palmeras y del buen gusto de los
patios andalusí de los hoteles, de salones
con infinitas palmeras infinitas, de bocados exquisitos
a media tarde, de azul del mar azul, otra vez,
de oler por las noches a las damas de noches.
Eso se nota, se goza y se siente ¿porque
existe el trabajo duro diario, o porque a uno
le gustaría estar rodeado de todo ello
aun en el trabajo duro diario? Más bien
es eso: el no vivir con estrecheces, el sentir
que uno, sea por lo que sea, quiere eso y le conviene
eso y le apetece estar rodeado de todo eso, también
que esté compartido con alguien a quien
quieres y que sepa también vivir de esa
manera.
Y el dinero, está claro se necesita. Pero
también su tiempo: tiempo para producirlo
y tiempo para gastarlo.
Para mí, el dinero es el centro o el punto
que me pone en la realidad, el punto de partida
que me dice lo que puedo hacer o lo que no puedo
hacer: es decir, si estoy en el mercado o no,
si soy un cliente o no. El dinero, sinceramente,
ahora que empiezo a enterarme de la película
es el que me da una torta en la nuca y me despierta
del sopor, de la fantasía, de la vulgaridad
y de la glotonería.
El dinero, vía mi esfuerzo y mi trabajo,
y mis horas entregadas a una causa que bien pudiera
ser otra, es el que me proporciona la tranquilidad
y quietud de estar sentado enfrente de este PC
y poder escribir en plan burgués, con distancia
y sin ansias, sin necesidad de editorial ni de
rebajarme ante nadie por estos pensamientos. Es
más, por enseñarme la distancia
entre lo que yo hago y lo que yo soy; es decir,
en tomarme esto como algo de chacota, como algo
que bien puede ser vendible pero que también
me traería al fresco que no lo fuera, porque
en realidad, dándome yo ya aquí
y ahora el placer de escribirlo, y las expectativas
de publicar, no esto sino lo que da pie a esto,
es lo que me hace disfrutarlo más.
Y es el dinero y no su falta, lo que no me hace
ir de Cenicienta o pobrecito. Que Van Gogh ya
ha habido muchos y Cristos un montón en
las estampitas y en la jaculatoria de Almodóvar.
Que esto sí que es una lección de
humildad y de autoestima, y volver a nacer.
Y es esta y no otra la que no puede ser la interpretación
post civilmente combatiente de aquello de lo que
cuestan las cosas.
El dinero sí que importa y mucho.
El dinero, como fuente de inspiración y
como homenaje de agradecimiento a los Estados
Unidos de América.
Y da la casualidad, o no, que este dinero, fuera
de fortunas heredadas y/o prebendas, procede de
entre otras fuentes del trabajo, o de lo que saques
del trabajo, o del dinero que sacas del dinero
del trabajo... |