miércoles, 08 de febrero de 2012 ESPECIAL V MUESTRA GASTRONÓMICA MIAJÓN 2010   

  BADAJOZ
   Actualidad
   Juventud
   Deportes
   La ciudad
   Transporte
   Directorio
   Farmacias

  OCIO-CULTURA
   Cine
   Agenda
   Bares y pubs
   Restaurantes
   Alojamientos
   Artistas locales
   Viajes

  SERVICIOS
   Guía empresas
   Callejero
   Tablón anuncios
   Trabajo
   Formación
   Foro
   Chat
   Informática
   Humor
   Postales
   Contactos

  EXTRAS
   Miajón 2010
   Feria 2009
   Semana Santa 2009
   Carnavales 2009
   Almossassa 2008
   Sugerencias

"Inspiraciones de mi ciudad"
Manuel Muñoz

Sí, cariño, perdóname, ahora te contesto, pero es que me estaba acordando de las acrobacias en nuestro último viaje al Teatro Romano de Mérida. Qué morbo tuvo aquello en medio de Agripina, de Eros, de Júpiter, y de aquellos lugareños que casi nos echan a los leones. Todo empezó con Claros de Luna, para nuestra sorpresa, de una composición de Beethoven y no de Debussy. Ponlo un poco más alto; sí, ya, así, gracias. (Se produce un silencio mientras desnuda, sentada en un taburete, cierra los ojos para que no le entre espuma).

Me encanta amasar tu cabellera, toda tu melena derretida en esta levadura química; me encanta descubrir tus límites, tu perímetro óseo, tu frágil y humana cabeza; me siento como si te desnudara aún más, cuando recojo tu cola y repaso tu cabeza; es como si pasara mis dedos sobre una copa de ese tinto, el único que tomas y que sé que lo haces para seguirme en las comidas, para no dejarme solo, por acompañarme. ¿Me lo notas?, ¿se te produce cosquilleo cuando froto tu cabello, al cepillar tu pelo, al salir a la terraza con tu albornoz, con gotas en tus mejillas y tus pies mojados, y yo, detrás de la silla lisándote el pelo?.

Sigue la música en el tono ideal, con ese volumen que parece que es ininteligible, pero que llega, y llena, como cuando pones la bañera y se rebosa, pero con esa gracia, que parece que no te mojas, tan amable el infinito goteo, tan sugerente el gotear, tan amante el caudal de esa semejante catarata que se te derrama sobre los pies.

Y al otro lado, un dormitorio, con vistas al río, y al primer pueblo portugués de la frontera. La persiana, a medias, deja pasar la brisa sobre las ventanas abiertas. Ondean las cortinas blancas, de marfil, como sinfonía, van y vienen...se ondean como el vello en tu pubis. Cuántas canciones habremos inventado, sin posibilidad de ensayo, para que cuadren los ritmos con los movimientos del croché. Ya habíamos cambiado las sábanas, para que no nos pase lo de siempre. Qué rico tacto; cómo huelen, como tú dices, es un pecado no desnudarse con ellas, no acostarse con ellas. Hasta con este calor, uno se arropa con ellas para empezar a dejarse sentir la amable embriaguez.

Después de ti, quiero ducharme y secarme bien, sentirme seco y sentir las sábanas como preludio... a bailar contigo, slowly tonight, slowly. Un día me gustaría grabarnos y que de nuestros movimientos se compusiera una música. Cuál podría ser ésa en la cual, al unísono, yo te beso tu cuellecito, a lo largo, hasta llegar al lóbulo de tu oreja derecha, y tú acaricias mis glúteos, subes y me oprimes el tórax; qué música acompañaría a tus dedos a lo largo de mi brazo para terminar cosquilleando la palma de mi mano, con una, y con la otra, alzando los brazos por encima de la cabeza, hacer círculos, acompasados, con la espalda, con las caderas.

Ritmo suave, como el agua que se derramaba, como la bethoweniana claridad de la luna, como la claridad que se cuela por la ventana, como el cosquilleo de las cortinas. Todo se mueve y a ese ritmo. Te agradezco que pusieras interés en conocerme, en aprender mi ritmo, en no dejarte llevar por el mástil que quiere salir de puerto tan pronto. Bien sabes, que en esos momentos, mi pensamiento y mi emoción se deleitan y amenizan contigo en este paraíso que descubrimos. Yo también tengo que enseñar a mi cuerpo cuando se acelera y te da señales equívocas de mi estado de ansiedad, despistándote. En esos momentos, cuando me sostienes y amarras mi sexo, yo me ponía a bailar. Rompía el ritmo, y con las manos sobre mis caderas daba saltos como un bailarín ruso, pero de pie; o doblaba las rodillas como una bailarina y empezaba a cantar sin sentido en no sé qué idioma hasta que rompías a carcajadas, hasta que nos tendíamos de nuevo en las agradecidas sábanas blancas, bordadas.

Me seduce tu inteligencia. Dicen que hay personas con tal sensibilidad que sus emociones las sienten en forma de colores; yo, cuando te siento así, tan cómplice, te percibo en forma de fruta, te veo como una fuente de frutas, coloridas, frugales, apetitosas, como aquellas frutas que robábamos de las bandejas de las suites, en el pasillo, de los hoteles lujosos. Sabes lo mucho que me encanta saborearte, y si es con fruta, mucho más. Lo de las gambas a la sal, y en eso sí coincidimos, nos lo tomamos como un ritual, como una excusa para que, cada mañana, nos diera un rato el sol, compráramos los periódicos locales, los libros, videos, CDs y todo bicho que se oferta en suplemento, fuéramos a la pescadería y ....termináramos comprando fruta. Rodeados de bolsas, y un ramo resplandeciente de perejil asomando entre ellas, es como si faltaran unas gambitas, tu vermouth y mi montilla, para este cuadro, para este marco, en una de las terrazas del embarcadero. Estas gambas salobreñas eran para abrir boca, nunca mejor dicho, al posterior banquete. Sí, para abrir boca.

Ese ritual paseo, que se me antoja ahora, de sobremesa, lo celebramos, sobre todas las cosas, para lucirnos y para vernos guapos: Me encanta verte con el pelo, que yo siempre te lavo, descolgado, con melena, sobre tus hombros, con rayita en medio, incipiente, moreno, tu boca de ángel aunque a ti se te antoje belfa, con tu vestido hasta esas rodillas que tanto te gusta que te mordisquee, con esas piernas tan pulcras que me confundes. Son tan frescas y tan ardientes a la vez; sentada en esta terraza, tomando tu vermouth y mirando los zapatos y vestidos de otras mujeres que pasan, te imagino en aquellas sábanas que desconocen lo que pueden esperar, y siento lo que me das: frío y calor al mismo tiempo. Llevas un vestido de oportunidad para este ritual de oportunidad, pero me gusta para la ocasión, verte diferente y desde el ángulo que me permite este trípode.

Ya a la vuelta, mientras preparas el baño, yo veo si están lo suficientemente frescos los yogures que preparé anoche, y voy limpiando las fresas, haciendo rodajas a los melocotones, bautizando a las moscateles, presentando al melón, casando a las cerezas y pelando las peras de agua. Sí, porque sé que te gusta mordisquear la pera, que todo su jugo te escurra por el envés del brazo, hasta gotear por el codo, que te encanta escuchar de mi boca los frutales mordisqueos infantiles, e iniciar tu oficio de licuadora.

A veces me pregunto si con tanto estímulo exterior no estamos sobrecargando los músculos sensitivos. Hoy, no. La verdad es que con la película de hoy, antes del desayuno, no; he perdido la cuenta de las veces que hemos pasado la cinta de El cartero de Pablo Neruda, y como siempre, la hemos visto hasta la mitad, más o menos, hasta las metáforas, hasta las olas, hasta la ribera. Justo después, como últimamente, repones el video de nuestra última excursión al mar. Te gusta ver allí colgado, desde la cama, la mar turquesa, el cielo azul áureo y sobre todo, el sonido del vaivén de las olas...

Si te llegaran también mis pensamientos, mis emociones, en forma de carta, sé lo mucho que disfrutarías. Ya llegarán también esos momentos, cuando tenga que partir. Ahora, quiero que surja de ti toda esa pasión que me hace ser el esclavo más feliz a tus pies, que te siento la más perra voraz, para comerte, y que, otras, eres la única reina de este fructífero paraíso, donde me haces sentir el único náufrago que sobrevive en este mar embravecido y de seda.

“Ya has terminado? No, espera, que aún tienes espuma; enciende un poco más la caliente, que se ponga el agua tibia, que te voy a enjuagar”. Pásame la toalla, tengo champú en los ojos. ¿Sabes en qué estaba pensando mientras me lavabas el pelo, Nacho? Que me gustaría conocerte un poco más. Cuéntame una cosa si quieres, que tengo curiosidad:

¿Soy una chica sensual para ti?

Me sonrío y me sonrojo; no se me da bien eso de hablar ni de lo que pienso ni de mis sentimientos. Le paso la toalla y le digo: Espera, no te seques, ya lo hago yo; me encanta amasar tu cabellera, toda tu melena derretida...



ARTISTAS LOCALES   
Artistas locales   
Lectura   

Deex Software S.L. © 2001 - 2012
Política de privacidad - Publicidad - Contacto - cacerescity.com
Haz badajozcity.com tu página de inicio - Añadir a favoritos