miércoles, 08 de febrero de 2012 ESPECIAL V MUESTRA GASTRONÓMICA MIAJÓN 2010   

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"Japón"
Manuel Muñoz

“Una Economía de reducidas proporciones modela una sociedad muy poco diferenciada” (Ortega y Gasset). Lo grandioso de ese condicionamiento que sufre el individuo es la libertad infinita que goza su imaginación: esto es lo primero que paradójicamente he aprehendido de este pueblo: su humanidad. Fuera de los arquetipos de superpotencia, de sociedad avanzada y a imitar, a este pueblo el japonés, no le puedo dejar de ver cada día su rostro humano: ese lado frágil y, a la vez, convulsivo, que consciente de sus limitaciones, de su ser, trata de contrarresta afanosamente, en su sentido de perfección, su falla humana. Este quisiera que fuera el dato a tener en cuenta en este primer recorrido de nuestra mirada sobre Japón.

Con una población de 124 millones de habitantes sobre una superficie total de 370.000km .2 (3/ a partes de la española) Japón se extiende a lo largo de la parte extrema de Asia islas o islotes, cuatro grandes islas de norte a sur- HOKKAIDO, HONSHU, SHIKOKU y – compone su principal territorio. La población, condicionada por la geografía, ha ido buscando el mejor medio físico para su asentamiento, provocando por dicha circunstancia un fuerte desequilibrio territorial: Su densidad de población puede oscilar desde los 72 Habitantes/Km. en Hokkaido hasta los 5400 en Tokio ó 4600 en Osaka, pasando por los 2000 en Kyushu.

La extensión insular de Japón (“Como desde Suiza hasta el Alto Egipto”), su exposición a las corrientes del pacífico y del Mar del Japón junto a la actuación de los monzones, explican la diversidad de climas; frío intenso en Hokkaido, al norte; húmedo ambiente tropical de Kyushu, al sur; calor sofocante en las grandes capitales y masas de aire siberiano en el flanco oeste. Todo ello favorece la rica variedad y frondosidad de sus paisajes forestales, que ocupan las 2/3 partes de su territorio. Los pinos rojos y una variedad de cedro son los predominantes en dicho escenario. En Shikoku y Kyushu las especies tropicales se combinan con orquídeas, palmeras y bambúes. Los “sasas” (“formación vegetal rara procedente de un tipo de bambú enano”) crecen al desaparecer el bosque. A medida que se asciende hacia el gélido norte, en Hokkaido, las hayas, robles, arces y olmos van dando lugar a un bosque boreal y a una mayor extensión de “sasas”.

Su orografía es principalmente montañosa- 71% del territorio-. El relieve de las islas, como consecuencia de un repliegue de cadenas montañosas, aparece quebrado por una honda depresión: la Fosa Magna. El extremo sur quedó invadido por el mar, el actual Mar Interior (o Seto Naikai. De aquí la procedencia del nombre del famoso puente que une Shikoku y Honshu, símbolo de la ingeniería nipona: Seto- Ohashi) Los grandes volcanes están situados precisamente junto a la Fosa Magna. “El cinturón de fuego del Pacifico”, en el que se incluye Japón, provoca la continua existencia de terremotos, erupciones de lava y temblores, así como la actividad regular de más de 60 volcanes de los 300 distribuidos por toda su geografía.
No debemos olvidar el idolatro Monte FUJI (3700m) y las soberbias cumbres de HIDA, KISU y AKISHI, con su merecida denominación de “Alpes Japoneses”.

Tras este punteo descriptivo quisiera hacer una interpretación sobre la relación existente, que observo, entre el medio físico y la idiosincrasia japonesa. Sin embargo, ¿cómo no tener la sensación de osado atrevimiento ocurrido en el caso de que, tras mi ultima visita a la escultura de los amantes de Teruel, en dicha soberbia villa, hace ya más de dos años, es aquí, en Kioto, donde llegué a comprender el contenido estético del gesto de las manos de estos dos enamorados, de la imposibilidad de ser estrechadas? Quede, de momento así, el aviso a los lectores de mi cuidado.

A lo largo del tiempo, influido a la vez por ideas filosóficas y religiosas, la delicada existencia nipona en un medio adverso y el enfrentamiento constante a los inesperados “caprichos” de la Naturaleza les ha ido moldeando el carácter: por un lado, el desarrollo hacia la aceptación de un sentimiento de provisionalidad, de transitoriedad en las obras que el hombre lleva a cabo; y por otro lado, una firme intención de poner a disposición todo su capital humano para la superación de la propia Naturaleza, guiados por altos criterios de un principio básico: el principio de conservación y adaptación del hombre a su medio. Esta lógica y sencillez de pensamiento es la base de toda actuación que en el japonés he podido observar. Esta “firme intención” está presente en todos los ámbitos de la vida.

En le lenguaje. El alfabeto más empleado es el compuesto por los “KANJI”; de los ¡ 47.o73¡ caracteres diferentes que existen, hay dos tipos de Ideogramas: Unos, cuya representación está asociada a un objeto o un concepto, y otros, cuya combinación con los elementos anteriores descifran el significado y su pronunciación. En el siglo V la escritura china se introduce en Japón a través de monjes budistas procedentes de Corea. El espíritu con que entonces se absorbió y reelaboró dicha escritura para uso propio continúa presente hoy en día, con la presencia de un tercer alfabeto: EL KATAKANA. La transcripción de vocablos extranjeros y nombres occidentales es el origen de su aparición. Así, por ejemplos, la palabra Fax se pronunciará Fakusu o Madrid quedará en Madurido. El japonés hace un completo olvido o mínima asociación de la palabra en Katakana con el vocablo de procedencia: de ahí, que, vano será el intento de fluidez en la comunicación si, ante la necesidad de usar de este tipo de términos, se desconoce su “traducción a la japonesa “.

En el Deporte. Las artes marciales, que a pesar de la veneración exigida del alumno hacia el maestro y el espíritu de no-violencia, poseen una sencilla filosofía: “Estudiar al adversario e imponerle nuestro ritmo “ Lema que transciende también al nivel de la negociación, donde nuestro empresario bien conocen la dificultad de llegar a acuerdos.

Lo virtual, lo bello de todo, es su carácter silencioso, liviano, mudo: una forma de comportamiento elevada a arte. ¿Qué significa, si no, ese extraño movimiento de tronco una y otra vez, que los japoneses hacen al saludar? Mientras se conversa con un japonés, éste mantendrá un “sí, sí” conativo; un “sí” que se limita a corroborar una actitud de escucha “al otro”. Este tipo de modales (una sonrisa constante, un inclinar la cabeza en el saludo, un si...) confirma la premisa básica de todo japonés: mantener un comportamiento y una relación cordial con el otro” por encima de la diferencia de pareceres (tan sucintamente expresados, por ciertos). Este sentido sofisticado de la diplomacia les es inculcado desde la infancia, motivado por la clara distinción de valores que hasta la fecha se ha venido dando prioridad: la colectividad, el grupo frente al individuo. (Este último aspecto lo dejo deliberadamente aparcado, así como los de noción de espacio, los mercados de abastos, el juego y el sexo en Japón, los jardines, el significado del ritual, etc. Para cuando trate ese embrujo de ciudad que es Kioto).

Con lo anteriormente expuesto me imagino cómo en 1549, cuando Francisco Javier llega por primera vez a Japón, debía sentirse ante tanta perplejidad y equívoca expresión en la comunicación mutua. Hecho que daría lugar, en 1614, a la promulgación de un edicto para el cierre de las islas a cualquier contacto foráneo. ¿El motivo? : Hakka (el peligro blanco”), una desconfiada apreciación de posible invasión occidental a las islas.

Reparemos ahora en la expresión máxima de este principio de conservación: El Arte Culinario. De nuevo, lo mismo. La gastronomía japonesa se destaca por su armonía, cromatismo y sencillez. La esmerada decoración y la magnifica presentación forman un todo con la propia naturaleza de los ingredientes. Los platos son preparados para que sean un placer para los ojos y con un gusto lo más natural posible. Diferentes pescados, por lo general crudo, son servidos según la estación; y como guarnición, unas sabrosa algas. El arroz, vital en las comidas, suple la función del pan en Occidente. Combinándose con los anteriores ingredientes, da lugar a gratas formas visuales y, a la vez, harto apetitosas. Un menú ordinario se compone normalmente de 3 a 5 platos, aparte del tazón de arroz y sopa. Todos ellos son servidos al mismo tiempo sobre la mesa, aunque sea el pescado el que deba dejarse para el final. Mención especial merece el UDON, fideo sopero, alargado y grueso, cuya degustación, con la única ayuda de dos palillos, ha de conseguirse con la consensuada absorción “musical” Para acompañar la comida, además del ligero vino y la cerveza japonesa, no hay que olvidar el té y el sake (vino de arroz), que, debido a la existencia de su ceremonia y liturgia propias, nos esperarán en Kioto, su marco ideal. (A propósito, creo que los sabios de la Antigüedad se olvidaron algunos nombre en su lista de las Maravillas del Mundo; desde que recorrí esos lugares – los que aun perduran – he osado imaginar la mía propia; muy distinta, por cierto. Pero eso, es otra historia...).

Esta sociedad japonesa que sueña con su “21 Century Projet” y que, desde luego, lo va realizando, mira, al mismo tiempo, a Occidente. Japón también sufre su metamorfosis: se negocia la jornada laboral a 4 días por semana, el retiro a los 55 años... el tiempo para el ocio se reivindica como derecho: quieren pararse y gozar de todo lo que han conseguido las pasadas generaciones: la cultura del ocio se impone.

Superada la etapa de facilitar la comunicación entre las islas (fiebre de los puentes) y que ésta se redujera para las grandes distancias (trenes balas), la ingeniería y la arquitectura tienden a la fantasía: cómo a partir de la limitación del espacio físico crear centros, megápolis donde se mejore la habitabilidad y se pueda desarrollar el hombre lúdicamente.

Y para ello todo es concebible: instalarse en el mar, penetrar en las entrañas de la tierra o flotar en el firmamento. Pasear por la ciudad inteligente sobre la isla artificial en Kobe, donde hace poco se produjo un terrorífico terremoto o la inauguración del aeropuerto de Osaka sobre dicho tipo de isla, es simple s botones de muestra.

Aparte ya de las excentricidades y de todo lo que en realidad bulle y significan tales actos, como mandar hacerse una escultura, contar la vida a un biógrafo para editarla después, hacer pomposas bodas o realizar un enterramiento con láser, música “cósmica” y sesión de fotos de los grandes momentos del difunto, etc., existe la conciencia de que la reconstrucción del país terminó hace ya tiempo: los frutos de tanto cúmulo han de ser disfrutados De ahí, por ejemplo, la locutora de los viajes al extranjero (amigos de Malasia o Tailandia tuvieron que reservar plaza desde octubre para las vacaciones de Navidad), los deportes de invierno (grandes construcciones de espacios con nieve artificial), libros compactos, construcción de parques futurista de ocio... Dos ejemplos de ese espíritu lo representan Saito y Kin; trabajando ambas en sus respectivas compañías, deciden un buen día realizar un intercambio con una familia de Chicago y tomar unas clases de escultura en Florencia; experiencia que volverán a repetir cualquier año.

Cuando el golf sigue cuajando en Extremadura, he de decir que siempre se verán reunidos aquí un grupo de amigos o personas retiradas practicando el mejor “green” donde exista, incluso un mini-golf o alguna pista de tenis.

Porque el japonés quiere disfrutar de lo suyo y de lo del exterior: el acercamiento a España es efectuado con rigurosa admiración. El temperamento o la pasión sería la primera cualidad a valorar. La sana envidia de un idioma mundialmente extendido es mi segunda percepción. Por último, por el sentido en el contenido y por la similitud en la forma vocal y en los tiempos, que comparte con el “okoto”, el flamenco gana adeptos. La fuerza del color y la luz especial de la pintura española también es importada.

Ese descubrir a “lo otro”, ir en su búsqueda y aprehenderlo es la fase en que actualmente está sumida Japón: cómo hacer seguir funcionando la maquinaria del yen mientras se detienen en la del ocio.

La mujer nipona también quiere tomar parte en ello. Relegada antiguamente a las tareas de la casa, de su administración y de un seguimiento detallado de la educación de los hijos; o con expectativas de trabajo hasta los 25 años, edad en que deberían ya casarse, su situación actual también va cambiando.

Superado ya el matrimonio acordado por los padres o bajo los servicios de una casamentera oficial, cada uno busca y elige su pareja. Ellas, en cambio, lo hacen entrados los 30 años y para acercarse a una tasa de natalidad de 1,54.

Basada la sociedad nipona en relaciones verticales, la mujer pasaba a un segundo plano y para unas funciones concretas. De ahí que, sobre todo en ellas, debieran ser separados eficazmente el comportamiento social y la realidad (esa dulzura, sonrisa y solicitud que tanto encantan a los extranjeros y que regresan con la impresión de cómo la mujer japonesa vierte toda su gracia al servicio del hombre, nada tiene que ver con su actuación en su “territorio”: el hogar).

La princesa MASAKO es el ejemplo que anima a dicho camino, lo que motiva, a la vez confusión en un sector de la sociedad sobre el hecho de que aceptara la mano del heredero y su consiguiente estilo de vida.

En cambio, la Familia Imperial, siguen siendo un tabú comúnmente admitido, además de un tema de irrelevante interés para el japonés medio. Excepción que habría que hacer a grupos radicales, minoritarios, cuya presencia desastrosa es notoriamente visible. Aún así, hasta ellos también sufren cambios. El motivo de sus manifestaciones es dar a conocer al resto de la sociedad, la situación de atropello o el descontento que ellos sienten ante hechos que encuentran injustos. Su máxima expresión siempre fue el suicidio. Sin embargo, este “acto social” deja ya de tener adeptos.

Formas exteriores de cambios recientes, como la apertura del mercado de arroz, reformas políticas – por ejemplo, limitar a 500.000 yenes la cantidad de dinero que las empresas pueden dar a los políticos (¿?) – vienen a significar los cambios cualitativos que se proyectan.

Dentro de este contexto, quiero referirme, en concreto a la familia NAKATA, como símbolo de lo virtual en Japón. Sufriendo la pérdida de un hijo en misión de paz con la Naciones Unidas, en Camboya, el Sr. Nakata dejó su profesión para dedicarse a perpetuar los ideales del hijo. Estos son los obstáculos que ha de superar en su propio país:

Falta de conciencia de voluntariado.
Una sociedad enrolada en un desenfreno consumismo.
Una actitud de recela ante lo nuevo.
Una generosidad imponente en tela de juicio.
Y un conformismo generalizado.

Un sentimiento de paz que Japón necesita creérselo y desesperadamente hacerlo creer a los demás. En 1993, por primera vez, oficialmente se reconoce ante el pueblo coreano, el carácter de “agresión” de la 2ª Guerra Mundial, que terminaría con la dantesca puesta en escena de NAGASAKI y de HIROSHIMA (cuyo museo impacta a cualquier visitante; pero recoger sus impresiones me sorprende aún más). Pues bien, a dicho reconocimiento ha de seguirle compromisos y acciones: he aquí la cruzada del Sr. Nakata.

La sensación que experimento ante este hecho viene a confirmar mis impresiones sobre la universalidad de ciertos pulsos vitales; pero también surge el descubrimiento de la distinta intensidad de los mismos.

Nota de color para terminar: ALERTA EN JAPON. En un estudio guiado por el Ministerio de Educación sobre las actividades culturales de los japoneses, descubre que el 80% de la población entre los 20 y 30 años, el KARAOKE es la que ocupa el primer lugar. Perplejidad y sentimientos de vergüenza en las altas esferas. ¿Por qué? Creo que se lo deberían tomar con más deportividad. Que la gente, en grupo, alquile un estudio durante dos o tres horas para cantar, micrófono en mano, las canciones que aparecen escritas en un vídeo, no me parece tan horroroso como actividad cultural. Pienso que es la muestra más evidente de lo que quiere el japonés de hoy en día: está pidiendo a voces, con es micro, el espacio personal, íntimo, que necesita para desarrollarse como ser individual; dejar de ser solamente un ser social y que todos sus actos y emociones estén motivados y dirigidos hacia el grupo, al colectivo, lo externo.

Es este rasgo humano del japonés el que he intentado mostrar en esta primera aproximación: el tipo de energías que subyacen en los cambios a los que se está sometiendo Japón. Por encima de cualquier tipo de condicionamiento social o económico, las palabras de Ortega y Gasset hacen universal el deseo del hombre. Sin ninguna duda, el japonés, conociendo sus límites, supera ese primer nivel de timidez consiguiente; escucha, analiza y se dirige, con determinación, hacia aquello que le proporciona un estado de mayor bienestar. ¿Cómo se entendería, si no, que mi amigo SHUISHI vaya a realizar, para su agencia, un reportaje fotográfico en el Mediterráneo?.
Está claro que escuchó y comprendió la idea del posible error en la lista de los Antiguos.



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