“Una
Economía de reducidas proporciones modela
una sociedad muy poco diferenciada” (Ortega
y Gasset). Lo grandioso de ese condicionamiento
que sufre el individuo es la libertad infinita
que goza su imaginación: esto es lo primero
que paradójicamente he aprehendido de este
pueblo: su humanidad. Fuera de los arquetipos
de superpotencia, de sociedad avanzada y a imitar,
a este pueblo el japonés, no le puedo dejar
de ver cada día su rostro humano: ese lado
frágil y, a la vez, convulsivo, que consciente
de sus limitaciones, de su ser, trata de contrarresta
afanosamente, en su sentido de perfección,
su falla humana. Este quisiera que fuera el dato
a tener en cuenta en este primer recorrido de
nuestra mirada sobre Japón.
Con una población de 124
millones de habitantes sobre una superficie total
de 370.000km .2 (3/ a partes de la española)
Japón se extiende a lo largo de la parte
extrema de Asia islas o islotes, cuatro grandes
islas de norte a sur- HOKKAIDO, HONSHU, SHIKOKU
y – compone su principal territorio. La
población, condicionada por la geografía,
ha ido buscando el mejor medio físico para
su asentamiento, provocando por dicha circunstancia
un fuerte desequilibrio territorial: Su densidad
de población puede oscilar desde los 72
Habitantes/Km. en Hokkaido hasta los 5400 en Tokio
ó 4600 en Osaka, pasando por los 2000 en
Kyushu.
La extensión insular de
Japón (“Como desde Suiza hasta el
Alto Egipto”), su exposición a las
corrientes del pacífico y del Mar del Japón
junto a la actuación de los monzones, explican
la diversidad de climas; frío intenso en
Hokkaido, al norte; húmedo ambiente tropical
de Kyushu, al sur; calor sofocante en las grandes
capitales y masas de aire siberiano en el flanco
oeste. Todo ello favorece la rica variedad y frondosidad
de sus paisajes forestales, que ocupan las 2/3
partes de su territorio. Los pinos rojos y una
variedad de cedro son los predominantes en dicho
escenario. En Shikoku y Kyushu las especies tropicales
se combinan con orquídeas, palmeras y bambúes.
Los “sasas” (“formación
vegetal rara procedente de un tipo de bambú
enano”) crecen al desaparecer el bosque.
A medida que se asciende hacia el gélido
norte, en Hokkaido, las hayas, robles, arces y
olmos van dando lugar a un bosque boreal y a una
mayor extensión de “sasas”.
Su orografía es principalmente
montañosa- 71% del territorio-. El relieve
de las islas, como consecuencia de un repliegue
de cadenas montañosas, aparece quebrado
por una honda depresión: la Fosa Magna.
El extremo sur quedó invadido por el mar,
el actual Mar Interior (o Seto Naikai. De aquí
la procedencia del nombre del famoso puente que
une Shikoku y Honshu, símbolo de la ingeniería
nipona: Seto- Ohashi) Los grandes volcanes están
situados precisamente junto a la Fosa Magna. “El
cinturón de fuego del Pacifico”,
en el que se incluye Japón, provoca la
continua existencia de terremotos, erupciones
de lava y temblores, así como la actividad
regular de más de 60 volcanes de los 300
distribuidos por toda su geografía.
No debemos olvidar el idolatro Monte FUJI (3700m)
y las soberbias cumbres de HIDA, KISU y AKISHI,
con su merecida denominación de “Alpes
Japoneses”.
Tras este punteo descriptivo
quisiera hacer una interpretación sobre
la relación existente, que observo, entre
el medio físico y la idiosincrasia japonesa.
Sin embargo, ¿cómo no tener la sensación
de osado atrevimiento ocurrido en el caso de que,
tras mi ultima visita a la escultura de los amantes
de Teruel, en dicha soberbia villa, hace ya más
de dos años, es aquí, en Kioto,
donde llegué a comprender el contenido
estético del gesto de las manos de estos
dos enamorados, de la imposibilidad de ser estrechadas?
Quede, de momento así, el aviso a los lectores
de mi cuidado.
A lo largo del tiempo, influido
a la vez por ideas filosóficas y religiosas,
la delicada existencia nipona en un medio adverso
y el enfrentamiento constante a los inesperados
“caprichos” de la Naturaleza les ha
ido moldeando el carácter: por un lado,
el desarrollo hacia la aceptación de un
sentimiento de provisionalidad, de transitoriedad
en las obras que el hombre lleva a cabo; y por
otro lado, una firme intención de poner
a disposición todo su capital humano para
la superación de la propia Naturaleza,
guiados por altos criterios de un principio básico:
el principio de conservación y adaptación
del hombre a su medio. Esta lógica y sencillez
de pensamiento es la base de toda actuación
que en el japonés he podido observar. Esta
“firme intención” está
presente en todos los ámbitos de la vida.
En le lenguaje. El alfabeto más
empleado es el compuesto por los “KANJI”;
de los ¡ 47.o73¡ caracteres diferentes
que existen, hay dos tipos de Ideogramas: Unos,
cuya representación está asociada
a un objeto o un concepto, y otros, cuya combinación
con los elementos anteriores descifran el significado
y su pronunciación. En el siglo V la escritura
china se introduce en Japón a través
de monjes budistas procedentes de Corea. El espíritu
con que entonces se absorbió y reelaboró
dicha escritura para uso propio continúa
presente hoy en día, con la presencia de
un tercer alfabeto: EL KATAKANA. La transcripción
de vocablos extranjeros y nombres occidentales
es el origen de su aparición. Así,
por ejemplos, la palabra Fax se pronunciará
Fakusu o Madrid quedará en Madurido. El
japonés hace un completo olvido o mínima
asociación de la palabra en Katakana con
el vocablo de procedencia: de ahí, que,
vano será el intento de fluidez en la comunicación
si, ante la necesidad de usar de este tipo de
términos, se desconoce su “traducción
a la japonesa “.
En el Deporte. Las artes marciales,
que a pesar de la veneración exigida del
alumno hacia el maestro y el espíritu de
no-violencia, poseen una sencilla filosofía:
“Estudiar al adversario e imponerle nuestro
ritmo “ Lema que transciende también
al nivel de la negociación, donde nuestro
empresario bien conocen la dificultad de llegar
a acuerdos.
Lo virtual, lo bello de todo,
es su carácter silencioso, liviano, mudo:
una forma de comportamiento elevada a arte. ¿Qué
significa, si no, ese extraño movimiento
de tronco una y otra vez, que los japoneses hacen
al saludar? Mientras se conversa con un japonés,
éste mantendrá un “sí,
sí” conativo; un “sí”
que se limita a corroborar una actitud de escucha
“al otro”. Este tipo de modales (una
sonrisa constante, un inclinar la cabeza en el
saludo, un si...) confirma la premisa básica
de todo japonés: mantener un comportamiento
y una relación cordial con el otro”
por encima de la diferencia de pareceres (tan
sucintamente expresados, por ciertos). Este sentido
sofisticado de la diplomacia les es inculcado
desde la infancia, motivado por la clara distinción
de valores que hasta la fecha se ha venido dando
prioridad: la colectividad, el grupo frente al
individuo. (Este último aspecto lo dejo
deliberadamente aparcado, así como los
de noción de espacio, los mercados de abastos,
el juego y el sexo en Japón, los jardines,
el significado del ritual, etc. Para cuando trate
ese embrujo de ciudad que es Kioto).
Con lo anteriormente expuesto
me imagino cómo en 1549, cuando Francisco
Javier llega por primera vez a Japón, debía
sentirse ante tanta perplejidad y equívoca
expresión en la comunicación mutua.
Hecho que daría lugar, en 1614, a la promulgación
de un edicto para el cierre de las islas a cualquier
contacto foráneo. ¿El motivo? :
Hakka (el peligro blanco”), una desconfiada
apreciación de posible invasión
occidental a las islas.
Reparemos ahora en la expresión
máxima de este principio de conservación:
El Arte Culinario. De nuevo, lo mismo. La gastronomía
japonesa se destaca por su armonía, cromatismo
y sencillez. La esmerada decoración y la
magnifica presentación forman un todo con
la propia naturaleza de los ingredientes. Los
platos son preparados para que sean un placer
para los ojos y con un gusto lo más natural
posible. Diferentes pescados, por lo general crudo,
son servidos según la estación;
y como guarnición, unas sabrosa algas.
El arroz, vital en las comidas, suple la función
del pan en Occidente. Combinándose con
los anteriores ingredientes, da lugar a gratas
formas visuales y, a la vez, harto apetitosas.
Un menú ordinario se compone normalmente
de 3 a 5 platos, aparte del tazón de arroz
y sopa. Todos ellos son servidos al mismo tiempo
sobre la mesa, aunque sea el pescado el que deba
dejarse para el final. Mención especial
merece el UDON, fideo sopero, alargado y grueso,
cuya degustación, con la única ayuda
de dos palillos, ha de conseguirse con la consensuada
absorción “musical” Para acompañar
la comida, además del ligero vino y la
cerveza japonesa, no hay que olvidar el té
y el sake (vino de arroz), que, debido a la existencia
de su ceremonia y liturgia propias, nos esperarán
en Kioto, su marco ideal. (A propósito,
creo que los sabios de la Antigüedad se olvidaron
algunos nombre en su lista de las Maravillas del
Mundo; desde que recorrí esos lugares –
los que aun perduran – he osado imaginar
la mía propia; muy distinta, por cierto.
Pero eso, es otra historia...).
Esta sociedad japonesa que sueña
con su “21 Century Projet” y que,
desde luego, lo va realizando, mira, al mismo
tiempo, a Occidente. Japón también
sufre su metamorfosis: se negocia la jornada laboral
a 4 días por semana, el retiro a los 55
años... el tiempo para el ocio se reivindica
como derecho: quieren pararse y gozar de todo
lo que han conseguido las pasadas generaciones:
la cultura del ocio se impone.
Superada la etapa de facilitar
la comunicación entre las islas (fiebre
de los puentes) y que ésta se redujera
para las grandes distancias (trenes balas), la
ingeniería y la arquitectura tienden a
la fantasía: cómo a partir de la
limitación del espacio físico crear
centros, megápolis donde se mejore la habitabilidad
y se pueda desarrollar el hombre lúdicamente.
Y para ello todo es concebible:
instalarse en el mar, penetrar en las entrañas
de la tierra o flotar en el firmamento. Pasear
por la ciudad inteligente sobre la isla artificial
en Kobe, donde hace poco se produjo un terrorífico
terremoto o la inauguración del aeropuerto
de Osaka sobre dicho tipo de isla, es simple s
botones de muestra.
Aparte ya de las excentricidades
y de todo lo que en realidad bulle y significan
tales actos, como mandar hacerse una escultura,
contar la vida a un biógrafo para editarla
después, hacer pomposas bodas o realizar
un enterramiento con láser, música
“cósmica” y sesión de
fotos de los grandes momentos del difunto, etc.,
existe la conciencia de que la reconstrucción
del país terminó hace ya tiempo:
los frutos de tanto cúmulo han de ser disfrutados
De ahí, por ejemplo, la locutora de los
viajes al extranjero (amigos de Malasia o Tailandia
tuvieron que reservar plaza desde octubre para
las vacaciones de Navidad), los deportes de invierno
(grandes construcciones de espacios con nieve
artificial), libros compactos, construcción
de parques futurista de ocio... Dos ejemplos de
ese espíritu lo representan Saito y Kin;
trabajando ambas en sus respectivas compañías,
deciden un buen día realizar un intercambio
con una familia de Chicago y tomar unas clases
de escultura en Florencia; experiencia que volverán
a repetir cualquier año.
Cuando el golf sigue cuajando
en Extremadura, he de decir que siempre se verán
reunidos aquí un grupo de amigos o personas
retiradas practicando el mejor “green”
donde exista, incluso un mini-golf o alguna pista
de tenis.
Porque el japonés quiere
disfrutar de lo suyo y de lo del exterior: el
acercamiento a España es efectuado con
rigurosa admiración. El temperamento o
la pasión sería la primera cualidad
a valorar. La sana envidia de un idioma mundialmente
extendido es mi segunda percepción. Por
último, por el sentido en el contenido
y por la similitud en la forma vocal y en los
tiempos, que comparte con el “okoto”,
el flamenco gana adeptos. La fuerza del color
y la luz especial de la pintura española
también es importada.
Ese descubrir a “lo otro”,
ir en su búsqueda y aprehenderlo es la
fase en que actualmente está sumida Japón:
cómo hacer seguir funcionando la maquinaria
del yen mientras se detienen en la del ocio.
La mujer nipona también
quiere tomar parte en ello. Relegada antiguamente
a las tareas de la casa, de su administración
y de un seguimiento detallado de la educación
de los hijos; o con expectativas de trabajo hasta
los 25 años, edad en que deberían
ya casarse, su situación actual también
va cambiando.
Superado ya el matrimonio acordado
por los padres o bajo los servicios de una casamentera
oficial, cada uno busca y elige su pareja. Ellas,
en cambio, lo hacen entrados los 30 años
y para acercarse a una tasa de natalidad de 1,54.
Basada la sociedad nipona en
relaciones verticales, la mujer pasaba a un segundo
plano y para unas funciones concretas. De ahí
que, sobre todo en ellas, debieran ser separados
eficazmente el comportamiento social y la realidad
(esa dulzura, sonrisa y solicitud que tanto encantan
a los extranjeros y que regresan con la impresión
de cómo la mujer japonesa vierte toda su
gracia al servicio del hombre, nada tiene que
ver con su actuación en su “territorio”:
el hogar).
La princesa MASAKO es el ejemplo
que anima a dicho camino, lo que motiva, a la
vez confusión en un sector de la sociedad
sobre el hecho de que aceptara la mano del heredero
y su consiguiente estilo de vida.
En cambio, la Familia Imperial,
siguen siendo un tabú comúnmente
admitido, además de un tema de irrelevante
interés para el japonés medio. Excepción
que habría que hacer a grupos radicales,
minoritarios, cuya presencia desastrosa es notoriamente
visible. Aún así, hasta ellos también
sufren cambios. El motivo de sus manifestaciones
es dar a conocer al resto de la sociedad, la situación
de atropello o el descontento que ellos sienten
ante hechos que encuentran injustos. Su máxima
expresión siempre fue el suicidio. Sin
embargo, este “acto social” deja ya
de tener adeptos.
Formas exteriores de cambios
recientes, como la apertura del mercado de arroz,
reformas políticas – por ejemplo,
limitar a 500.000 yenes la cantidad de dinero
que las empresas pueden dar a los políticos
(¿?) – vienen a significar los cambios
cualitativos que se proyectan.
Dentro de este contexto, quiero
referirme, en concreto a la familia NAKATA, como
símbolo de lo virtual en Japón.
Sufriendo la pérdida de un hijo en misión
de paz con la Naciones Unidas, en Camboya, el
Sr. Nakata dejó su profesión para
dedicarse a perpetuar los ideales del hijo. Estos
son los obstáculos que ha de superar en
su propio país:
Falta de conciencia de voluntariado.
Una sociedad enrolada en un desenfreno consumismo.
Una actitud de recela ante lo nuevo.
Una generosidad imponente en tela de juicio.
Y un conformismo generalizado.
Un sentimiento de paz que Japón
necesita creérselo y desesperadamente hacerlo
creer a los demás. En 1993, por primera
vez, oficialmente se reconoce ante el pueblo coreano,
el carácter de “agresión”
de la 2ª Guerra Mundial, que terminaría
con la dantesca puesta en escena de NAGASAKI y
de HIROSHIMA (cuyo museo impacta a cualquier visitante;
pero recoger sus impresiones me sorprende aún
más). Pues bien, a dicho reconocimiento
ha de seguirle compromisos y acciones: he aquí
la cruzada del Sr. Nakata.
La sensación que experimento
ante este hecho viene a confirmar mis impresiones
sobre la universalidad de ciertos pulsos vitales;
pero también surge el descubrimiento de
la distinta intensidad de los mismos.
Nota de color para terminar:
ALERTA EN JAPON. En un estudio guiado por el Ministerio
de Educación sobre las actividades culturales
de los japoneses, descubre que el 80% de la población
entre los 20 y 30 años, el KARAOKE es la
que ocupa el primer lugar. Perplejidad y sentimientos
de vergüenza en las altas esferas. ¿Por
qué? Creo que se lo deberían tomar
con más deportividad. Que la gente, en
grupo, alquile un estudio durante dos o tres horas
para cantar, micrófono en mano, las canciones
que aparecen escritas en un vídeo, no me
parece tan horroroso como actividad cultural.
Pienso que es la muestra más evidente de
lo que quiere el japonés de hoy en día:
está pidiendo a voces, con es micro, el
espacio personal, íntimo, que necesita
para desarrollarse como ser individual; dejar
de ser solamente un ser social y que todos sus
actos y emociones estén motivados y dirigidos
hacia el grupo, al colectivo, lo externo.
Es este rasgo humano del japonés
el que he intentado mostrar en esta primera aproximación:
el tipo de energías que subyacen en los
cambios a los que se está sometiendo Japón.
Por encima de cualquier tipo de condicionamiento
social o económico, las palabras de Ortega
y Gasset hacen universal el deseo del hombre.
Sin ninguna duda, el japonés, conociendo
sus límites, supera ese primer nivel de
timidez consiguiente; escucha, analiza y se dirige,
con determinación, hacia aquello que le
proporciona un estado de mayor bienestar. ¿Cómo
se entendería, si no, que mi amigo SHUISHI
vaya a realizar, para su agencia, un reportaje
fotográfico en el Mediterráneo?.
Está claro que escuchó y comprendió
la idea del posible error en la lista de los Antiguos.
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