miércoles, 08 de febrero de 2012 ESPECIAL V MUESTRA GASTRONÓMICA MIAJÓN 2010   

  BADAJOZ
   Actualidad
   Juventud
   Deportes
   La ciudad
   Transporte
   Directorio
   Farmacias

  OCIO-CULTURA
   Cine
   Agenda
   Bares y pubs
   Restaurantes
   Alojamientos
   Artistas locales
   Viajes

  SERVICIOS
   Guía empresas
   Callejero
   Tablón anuncios
   Trabajo
   Formación
   Foro
   Chat
   Informática
   Humor
   Postales
   Contactos

  EXTRAS
   Miajón 2010
   Feria 2009
   Semana Santa 2009
   Carnavales 2009
   Almossassa 2008
   Sugerencias

"Poesía para un niño"

Lo leí en alguna parte y lo copié para vivir lo aprendido:

LOS NIÑOS APRENDEN LO QUE VIVEN

Si un niño vive con las críticas, aprende a condenar.
Si un niño vive con la hostilidad, aprende a pelear.
Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
Si un niño vive con la vergüenza, aprende a ser culpable.
Si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño vive con el aplauso, aprende a confiar.
Si un niño vive con el elogio, aprende a apreciar.
Si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño vive con la aprobación, aprende a gustarse.
Si un niño vive con la aceptación y la amistad,
aprende a encontrar amor en el mundo.


CASO PRÁCTICO:

Escucha, hijo, voy a decirte esto mientras duermes, una manecita bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente húmeda. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía el diario en la biblioteca, he sentido una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, he venido junto a tu cama.

Esto es lo que pensaba, hijo: me había enfadado contigo. Te regañé cuanto te vestías para ir a la escuela, porque apenas te habías pasado la toalla mojada por la cara. Te reprendí porque no te habías limpiado los zapatos. Te chillé enfadado cuando tiraste tus cosas al suelo.

Durante el desayuno también encontré motivos de crítica: derramabas la leche, engullías la comida, ponías los codos sobre la mesa, untabas demasiada mantequilla en el pan. Y cuando te ibas a jugar y yo me encaminaba a coger el tren, y agitando la mano me gritaste, “Adiós papá”, yo fruncí el entrecejo y te respondí: Yergue los hombros.

Y por la tarde todo se repitió de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando a las canicas. Tenías agujeros en los calcetines. Te humillé ante tus amigos haciéndote ir a casa delante de mí. Los calcetines eran caros, y si tuvieras que comprarlos tú, tendrías más cuidado. Pensar, hijo, que esto, lo diga un padre.

¿Recuerdas que más tarde, cuando yo estaba leyendo en la biblioteca, entraste tímidamente, con una expresión dolida en los ojos? Cuando te miré por encima del periódico, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. Y yo te pregunté con brusquedad: qué quieres ahora? .

No dijiste nada, pero cruzaste la habitación de un salto, y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni siquiera mi abandono podía marchitar. Y luego te ibas, y se oían tus pasos ligeros escalera arriba.

Bien, hijo: fue poco después cuando el periódico me resbaló entre las manos y un miedo terrible, angustioso, me inundó. ¿qué estaba haciendo de mi costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender, esta era mi recompensa para ti por ser niño. No era que yo no te quisiera; era que esperaba demasiado de ti. Y te medía con la vara de mi propia edad.

Y en tu naturaleza había tanto que era bueno, hermoso y sincero. Ese pequeño corazón tuyo es tan grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu cama en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

Es una débil reparación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijeras cuando estás despierto. Pero mañana seré papá de verdad. Seré tu camarada, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. Repetiré una y otra vez, como si fuera un ritual: no es más que un niño, un niño pequeño.

Me temo que te he imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un niño pequeño todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. Te he pedido demasiado, demasiado.


POSOLOGÍA:
Adultos: una lectura después de cada mañana y antes de los arrepentimientos Si se presenta nuevamente molestias puede repetir la dosis
Niños: entre 2 a 6 años. Este medicamento no quiere que afecte a la capacidad de alegría.



ARTISTAS LOCALES   
Artistas locales   
Lectura   

Deex Software S.L. © 2001 - 2012
Política de privacidad - Publicidad - Contacto - cacerescity.com
Haz badajozcity.com tu página de inicio - Añadir a favoritos