Con
cariño, para Nati y Julio.
Aquella mañana me fijé en cómo
sería tu día. Eran las 9 de la mañana,
fresca, de rocío, de las que te tienes
que abrigar un poco, pero de las que también
te gusta que te dé y te llene tu pecho
de ese frío.
Era una mañana no de niebla,
pero de cierta calima: en febrero, amanece pronto;
sobre todo porque aún no han adelantado
o retrasado la hora. Y aún no se veía
el sol de la mañana, lo tapaban, ya te
digo, esas nubecillas, esa calima. Era un día
precioso. Ahora, que es la una de la tarde, así
lo es: sol de oro intenso, cielo azul para comérselo,
y salir ahí y respirar hondo. O llevarte
a la piscina climatizada, y como dos tontos quedarnos
a la intemperie para secarnos, para quitarnos
el calor del cuerpo, para sentir nuestro corazón
salir del pecho, para notar nuestra garganta,
para quitarnos incluso la toalla y no arroparnos
porque necesitamos todo el aire del mundo: porque
seguramente te pasaría como a mí,
que empezamos tan fuerte a nadar que ni nos damos
cuenta de cuándo estamos agotados, asfixiados,
sin aire para respirar que no necesitamos nada
encima, que lo único que queremos es subir
la cabeza y respirar hondo, que se nos va el aliento.
Nos imagino tumbados, incluso,
en la hierba fresca. Uy qué frío,
papá, vámonos a dentro ya. Sí,
hijo, tienes razón, que soy un exagerado,
y ya empiezas a toser.
Eres lo más grande para
mí, y te siento muy fuerte. Para mí,
eres único y no te puedo seguir llamando
Lolín, porque eres mi fantasía,
el juguetón que estos dos, tres meses nos
lo hemos pasado muy bien.
No me siento mal, sino que me
das más frialdad, menos ilusión
si quieres, infantil, primeriza. Te lloro, no
porque se me vaya la vida o se termine aquí.
Te lloro porque te quiero. Te lloro porque vendrás
más tarde, porque no te puedo tener junto
a mi lado, porque no te he podido tener antes.
Te lloro porque veo a tu mamá, y veo lo
que te quiere; te lloro porque no puedas disfrutar
de la suerte de estar con ella, de tenerla a tu
lado, y de cómo se cuida, se prepara para
tenerte. Te lloro porque a través de ti
me has hecho pasar tan buenos momentos, y me he
dado cuenta de lo que significa ilusionarse, y
con ello de disfrutar junto a tu mamá,
tu mami.
Te lloro porque no sabes lo que
la quiero, y lo bonito de compartir esta ilusión,
tu ilusión, tú, con ella: y verla,
y gozar. Eres tanto, cariño, mi niño...Estás
ahí y veo a tu madre, y te juro que te
desea tanto, que te quiere tanto, que desea tu
felicidad, tu libertad, tu bondad, tu generosidad...ella,
tonta, dice verte a mí. Y yo solo pienso
en ofrecerte más cosas de lo que yo pueda
darte.
Tú, como aquel día
de excursión, me despiertas ansioso, intranquilo,
ilusionado, medio vestido con la ropita que dijiste
a mamá que te sacara anoche. Todo una pinta,
con el jersey al revés y las zapatillas
cambiadas. Me despiertas a las 6 de la mañana
y me quitas la colcha, la poca que queda porque
el resto la tiene mamá. Y yo te como, te
subo encima de mi pecho, y no te dejas.
Sin embargo, no sabes porqué
me despiertas, para qué me despiertas.
Mamá me dice que le parece un sueño.
Y sueño, el que ya teníamos: ilusión
retocada de fantasía pero sin pasar por
la áspera vida. Y en el fondo, de lo que
se trata es justamente de eso, de vida. Vida para
tener más vida y ésta te la dificulta,
vida que no quiere vida o que te enfría
la vida, vida que se apodera de ti o que se pone
orgullosa para que valores su vida, la vida.
Vida, chula vida; vida que se
ríe de ti, vida que aquí está
vida; vida que hay más vida que tu vida;
vida que es la vida, vida que para eso está
la vida; vida que se nos va, vida que se nos viene;
vida eterna, vida del fruto de tu vientre; vida
con sentido, vida con sentimiento; vida consentida,
vida y esperanza nuestra.
Vida que te da más oportunidades,
vida de la tranquilidad y del sosiego, vida de
la templanza, vida del deseo, vida expectante,
vida del temple, vida de la paciencia y de la
quietud, vida del suspiro profundo y del reloj
parado, vida que me llamas y que me evocas, vida
que me recuerdas vida, vida que me enseñas,
vida que me guiñas, vida que me impacientas,
vida que me compulsas.
Vida de por vida. Aquella mañana
me fijé en cómo sería tu
día.
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