
Esas
formas tan redondas y tan redondeadas. Parece
como si el niño se fuera a caer, pero más
fuerza tiene la forma de la madre donde lo recoge
por todos los poros, por todos los intersticios
de su propio cuerpo. Si a talco huele y talco
sabe, cómo y por dónde se recoge
este niño de talco?.
Mofletudo y con piernecillas de jamón del
bueno, curadito. Con manitas subidas, de jolgorio;
sabiendo que toma leche y de la buena. Que chupa
de la teta y que parece que, de un momento a otro,
va dar un salto sobre la madre y se le va a poner
en los hombros.
Cómo goza el niño, y cómo
mama: agarró bien y los carrillos los tiene,
por dentro, aparentemente a rebosar. A esa velocidad,
más que tragar, tendrá que rumiar.
Esa es la fuerza y el poder que, para mí,
me transmiten los trazos en este dibujo de Picasso.
Veinte, treinta trazos puede tener a lo sumo el
diseño. Aquí en mi casa trato de
reproducirlo y voy descubriendo su vertiginoso
movimiento, su equilibrado vaivén.
Hasta ahora era la figura del niño lo que
me iban produciendo esas sensaciones. Ahora viene
la madre. Madre que parece que nos redescubre
al niño, que aún lo tiene entre
sus entrañas. Madre feliz, madre de fiesta.
Recogido el pelo para atrás, con cintillo
o con paño al estilo virginal; pero de
fiesta, en definitiva, alegre, como muestran los
únicos trazos a color de este dibujo en
carboncillo. Tres destellos en rojo y otros tres
más en verde más oscuros, todos
ellos, unidos por una cinta verde hierba.
La mirada y el semblante de la madre son serena,
feliz, satisfecha, ufana, orgullosa, entregada,
pendiente, sentida, atenta.
Sus brazos, imposibles, anudan y cobijan al pequeño.
Da la sensación como si de repente pudieran
salir otros dos brazos para quitar una legaña
al niño, para limpiarle alguna babita echada
o para, por ejemplo, pasar la mano sobre la cabecita.
La madre tiene tales hombros, tal espalda que,
se me antoja el más obvio sentimiento,
que nos quiere el autor transmitir: protección.
Asimismo, interpreto que las caderas de esta mujer,
además de representar la factura biológica
del embarazo sobre su cuerpo, viene a expresarnos
la fecundidad y la capacidad reproductora de la
dama. El hombre, como parte de su animalidad instintiva,
busca reproducirse en su especie, dejar patente
su descendencia, asegurarse en sus progenitores.
Es como si la Belleza nos traicionara, una vez
más, y se nos riera delante de nuestras
narices, desvelando parte de nuestro encanto amoroso,
despreciando nuestra ingenua originalidad, engullendo
nuestro espíritu de conservación.
La Belleza nos recuerda que Ella se muestra como
parte integrante de un todo, como conjunto y fusión
de tantos instintos, de aluvión de caleidoscópicas
necesidades, de refugio de tantas veleidades.
Estamos tan desnudos que, Picasso nos echa una
mano y nos incorpora aquellos rayones negros y
verdes. Parece querer recordarnos o romper la
imposibilidad duradera de tanta Perfección,
de tanta felicidad. ¿O me he proyectado
demasiado?.
No, lo que quería decir, es que .....