sábado, 31 de julio de 2010 ESPECIAL FERIA DE SAN JUAN   

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"Maternitè, Picasso"
Manuel Muñoz
Esas formas tan redondas y tan redondeadas. Parece como si el niño se fuera a caer, pero más fuerza tiene la forma de la madre donde lo recoge por todos los poros, por todos los intersticios de su propio cuerpo. Si a talco huele y talco sabe, cómo y por dónde se recoge este niño de talco?.
Mofletudo y con piernecillas de jamón del bueno, curadito. Con manitas subidas, de jolgorio; sabiendo que toma leche y de la buena. Que chupa de la teta y que parece que, de un momento a otro, va dar un salto sobre la madre y se le va a poner en los hombros.
Cómo goza el niño, y cómo mama: agarró bien y los carrillos los tiene, por dentro, aparentemente a rebosar. A esa velocidad, más que tragar, tendrá que rumiar.
Esa es la fuerza y el poder que, para mí, me transmiten los trazos en este dibujo de Picasso. Veinte, treinta trazos puede tener a lo sumo el diseño. Aquí en mi casa trato de reproducirlo y voy descubriendo su vertiginoso movimiento, su equilibrado vaivén.
Hasta ahora era la figura del niño lo que me iban produciendo esas sensaciones. Ahora viene la madre. Madre que parece que nos redescubre al niño, que aún lo tiene entre sus entrañas. Madre feliz, madre de fiesta. Recogido el pelo para atrás, con cintillo o con paño al estilo virginal; pero de fiesta, en definitiva, alegre, como muestran los únicos trazos a color de este dibujo en carboncillo. Tres destellos en rojo y otros tres más en verde más oscuros, todos ellos, unidos por una cinta verde hierba.
La mirada y el semblante de la madre son serena, feliz, satisfecha, ufana, orgullosa, entregada, pendiente, sentida, atenta.
Sus brazos, imposibles, anudan y cobijan al pequeño. Da la sensación como si de repente pudieran salir otros dos brazos para quitar una legaña al niño, para limpiarle alguna babita echada o para, por ejemplo, pasar la mano sobre la cabecita.
La madre tiene tales hombros, tal espalda que, se me antoja el más obvio sentimiento, que nos quiere el autor transmitir: protección.
Asimismo, interpreto que las caderas de esta mujer, además de representar la factura biológica del embarazo sobre su cuerpo, viene a expresarnos la fecundidad y la capacidad reproductora de la dama. El hombre, como parte de su animalidad instintiva, busca reproducirse en su especie, dejar patente su descendencia, asegurarse en sus progenitores.
Es como si la Belleza nos traicionara, una vez más, y se nos riera delante de nuestras narices, desvelando parte de nuestro encanto amoroso, despreciando nuestra ingenua originalidad, engullendo nuestro espíritu de conservación.
La Belleza nos recuerda que Ella se muestra como parte integrante de un todo, como conjunto y fusión de tantos instintos, de aluvión de caleidoscópicas necesidades, de refugio de tantas veleidades.
Estamos tan desnudos que, Picasso nos echa una mano y nos incorpora aquellos rayones negros y verdes. Parece querer recordarnos o romper la imposibilidad duradera de tanta Perfección, de tanta felicidad. ¿O me he proyectado demasiado?.
No, lo que quería decir, es que .....

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