Durante
buena parte de “Cuatro Hermanos”,
tenía la sensación constante
que la historia transcurría en
los años 70, y fue solamente cuando
vi una cámara digital surgir en
una escena cuando me di cuenta de mi error.
Por eso, estoy segura que mi confusión
no fue accidental, el cineasta John Singleton
obviamente se esforzó bastante
para rodear a su película de un
fuerte ambiente setentero, desde la banda
sonora y la dirección repleta de
zooms de la época al estilismo
de los personajes…y tenemos también
el argumento, que bebe de las historias
de venganza tan comunes en el cine de
la época (principalmente a la manera
en la que los personajes conviven con
su rabia, aquí no hay lugar para
la piedad y para lo políticamente
correcto.
Llenos de ira por el asesinato de su
madre adoptiva, los cuatro hermanos del
título no confían en la
eficiencia de la policía y deciden
castigar a los asesinos por su cuenta.
En este sentido, el guión escrito
por David Eliott y Paul Lovett acierta
de lleno, ya que permite que el espectador
perciba que los protagonistas (anti-héroes
por definición) son tan peligrosos
y crueles como los criminales que persiguen.
Aun así, estos cuatro hombres aparentemente
tan fríos poseen un fuerte vínculo
entre ellos, vínculo que no es
solo una cuestión de convivencia,
sino de amor fraternal verdadero.
Además, Singleton emplea bastante
tiempo durante la primera parte para ilustrar
la relación entre ellos, limitándose
simplemente a establecer la dinámica
de esta extraña familia. Es una
decisión arriesgada, ya que en
cierto modo interrumpe el flujo narrativo,
pero es absolutamente correcta en mi opinión,
ya que toda la carga emocional que los
personajes transmiten al espectador es
gracias a estos momentos.
De esa misma manera, el guión
supera las expectativas del género,
mostrándose como una historia sólida
e infinitamente mas compleja de lo que
parece al principio. Sin olvidarse jamas
de sus personajes (incluso de los secundarios)
los guionistas encuentran funciones importantes
para todas las personas que participan
en la trama, lo que la vuelve mas coherente
y satisfactoria desde el punto de vista
estructural.
Y lo que es mas admirable: ninguno de
los protagonistas sufre una de estas “transformaciones”
artificiales tan comunes en las producciones
hollywoodienses, donde muchos personajes
se vuelven “buenos” de la
noche a la mañana. Elliott y Lovett
conocen a los personajes y los respetan,
aunque estos no sean ciudadanos ejemplares:
Con la rabia de haber tenido que enfrentarse
a la muerte de su madre, ellos no demuestran
ninguna piedad en su trayectoria rumbo
a la venganza, llegando a ejecutar a algunos
de sus enemigos incluso después
de que estos estén desarmados y
encontrándose indefensos. Pero
ellos saben convivir con su forma de ser:
cuando Jeremiah, el único de los
cuatro que parece tener una vida mas normal,
argumenta que su madre “sería
la primera en perdonar a sus asesinos”,
uno de sus hermanos responde inmediatamente
“no todos podemos ser santos”…
ahí está otro de los méritos
de la historia: los diálogos están,
en su mayoría, muy bien escritos.
Explorando con talento el potencial del
guión, John Singleton dirige con
seguridad las secuencias de acción,
mereciendo una especial mención
una persecución de coches que ocurre
durante una tempestad de nieve, de noche
(hoy en día, hacer buenas secuencias
de persecución y de tiroteos es
algo muy difícil, ya que lo hemos
visto prácticamente todo en el
séptimo arte). Aparte de esto,
Singleton consigue unas actuaciones muy
aceptables de todo el elenco, destacando
por encima de todos la de Mark Wahlberg,
aunque Tyrese Wilson (que huye del estereotipo
de bruto grandullón y crea un personaje
que sabe pensar) y Tenerence Howard (como
el Teniente Green, que crea unos momentos
dramáticos muy buenos durante toda
la trama) no se le quedan muy atrás.
Caty
Cordero