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| Bowling
for Columbine |
El documental
Bowling For Columbine, de Michael Moore,
ganador de un Oscar en la categoría
de mejor documental, un género
que parecía olvidado y que comienza
a resurgir ahora, refleja la pasión
de los estadounidenses por las armas de
fuego y la violencia en general. Además,
plantea varias preguntas, como ¿por
qué hay tanta violencia en EE.UU.?
o ¿Qué es la “cultura
del miedo”?
Me parece muy importante resaltar que
en la edición de los Oscars, Michael
Moore fue el único en pronunciarse
clara y rotundamente contra la guerra
de Irak, algo más que loable dado
el ambiente enrarecido que se respiraba.
Dicha pronunciación le valió
los abucheos de un gran número
de los asistentes a la gala, e incluso
que la música ambiente se subiera,
algo que, a mi modo de ver, supone una
más que clara censura a sus palabras
y no hace sino demostrar que la libertad
de expresión de la que en EE.UU.
se hace gala no es tal y que cualquier
opinión en contra de lo “políticamente
correcto” es acallada de la manera
más drástica que puede haber,
la censura. De hecho, y en este mismo
sentido, los españoles esperábamos
que el nominado Almodóvar, que
se había manifestado varias veces
contra la guerra aquí en España
pronunciara duras palabras contra la misma,
en cambio, a mí, personalmente,
su discurso me pareció completamente
“light”.
De toda la cinta se puede dilucidar la
existencia en Norteamérica de una
“cultura del miedo”, con numerosos
episodios que se suceden desde los principios
de la historia americana, cuando es descubierto
el continente y encuentran indígenas.
Las últimas visiones de este miedo
las tenemos en el “efecto 2000”
y en algunas medidas como no permitir
a los niños pedir golosinas en
la tradicional celebración de Halloween
debido a leyendas urbanas (cuchillas escondidas
en las golosinas, etc).
La existencia de esta América dominada
por el miedo está condicionada
sobre todo por los medios de comunicación,
que se empeñan en enseñar
barrios marginales y que manipulan la
información, haciendo cundir el
pánico hacia el colectivo negro,
al que tachan de delincuente y asesino
a diario. De hecho, en la película
se expone que mientras que el crimen había
descendido en un 20%, la cobertura de
los medios de comunicación con
respecto a los crímenes había
crecido un 60%.
El hecho central de la película
es la matanza del Instituto Columbine,
en la que dos adolescentes asesinaron
a doce estudiantes y un profesor en un
tiroteo de unos 900 disparos efectuados
por armas que habían sido compradas
legalmente. No obstante, a mi modo de
ver es una excusa para abordar el tema
de las armas y la violencia, terriblemente
presente a lo largo de la cultura americana,
como ellos mismos reconocen.
Además, la munición se vende
en grandes cadenas de supermercados, como
K-Mart, que, intercediendo Michael Moore
junto con dos heridos de la masacre de
Columbine, dejó de venderla. Uno
de los argumentos que el director empleó
para conseguirlo fue que las balas utilizadas
por los asesinos habían sido compradas
allí de manera completamente legal.
El tema empieza fuerte, mostrando a Michael
Moore en un banco en el que, por abrir
una cuenta, te regalan un arma de fuego.
El hecho de tener tanta facilidad para
conseguir armas se acaba convirtiendo
en una posible causa de que la cifra de
asesinatos sea tan alta, pero es desechada
al mostrarse que en Canadá se poseen
muchas más armas y el índice
de asesinatos es infinitamente menor.
Es curioso ver como las posibles causas
de esa cultura de violencia no se sostienen,
refiriéndome por ejemplo a cuando
justifican que una posible causa de esa
violencia es la falta de unidad familiar,
y según diversos estudios, hay
países con un porcentaje muchísimo
más alto de divorcios y que, sin
embargo, ni se acerca al número
de asesinatos anuales de EE.UU, que son
11.127. Podemos decir que Michael Moore
se vale de la confrontación de
datos para enriquecer el punto de vista
del espectador, y que sea él mismo
el que vea que esas explicaciones no sirven.
En muchas ocasiones, los norteamericanos
afirman tener armas en casa como método
de defensa de sus familias, y sentencian
que tenerlas es el deber de todo americano,
si no, no eres responsable. Asimismo es
monstruoso como algunos estudiantes entrevistados
por Moore se vanaglorian de haber hecho
bombas y ser por ello considerados individuos
peligrosos para el instituto (es el caso
del chico que había hecho NAPALM
casero).
Me llamó mucho la atención
la parte en la que se suceden numerosas
imágenes de archivo de episodios
históricos en los que la violencia
ha estado presente como plato principal,
como por ejemplo el asesinato de Allende,
imágenes de Pinochet, Irak invadiendo
Kuwait con armas procedentes de EE.UU.,
todas estas imágenes van acompañadas
de una rotulación de escalofriantes
cifras de muertos y culmina con los atentados
del 11-S. Me llama sobre todo la atención
la paradoja que se da entre imagen y sonido,
ya que los episodios históricos
van respaldados por Louis Armstrong y
su “What a wonderful world”,
a cuyo término se oyen los gritos
de las personas que están observando
como el segundo avión se estrella
en una de las torres.
También me llamaron la atención
las conversaciones de la policía
con profesores del instituto que iban
contando lo que iba ocurriendo en cada
momento en el instituto Columbine. Esto,
en la película, está acompañado
de las imágenes de las cámaras
del circuito de seguridad (supongo que
la grabación procede de ahí).
Llamaba también gente que trataba
de ponerse en contacto con sus hijos para
ver si estaban bien, e incluso un padre
que afirmaba que su hijo podía
estar implicado, ya que pertenecía
a un grupo llamado “la mafia de
la gabardina”.
Me pareció deplorable la presencia
de Charlton Heston en la conferencia a
favor de las armas cuando sólo
hacía diez días de la masacre
de Columbine. Las imágenes de esta
conferencia se intercalan con otras de
una manifestación en la que el
padre de una de las víctimas afirma
que “un arma semiautomática
de treinta balas no es para matar ciervos”.
Me llamó la atención, asimismo,
el extremismo de los americanos que, en
lugar de tratar de eliminar la raíz
del problema ilegalizando las armas, o
restringiendo su venta a personas con
unas cualidades, requisitos, o licencias
determinadas, se ponen en el extremo contrario.
Con esto me refiero a que, tras lo ocurrido
en Columbine, los institutos adoptaron
medidas de seguridad extremas, hasta el
punto de expulsar o suspender a alumnos
por llevar consigo, por ejemplo, un cortaúñas.
Es también muy interesante como
los Medios de comunicación trataban
de buscar culpables, como la televisión,
los espectáculos, South Park y,
sobre todo, el cantante Marylin Manson,
un cantante de metal al que solían
escuchar los autores de la masacre y que,
en realidad, es todo espectáculo,
ya que ha sido “crucificado”
por los católicos radicales americanos,
y se aprovecha de ello para promocionarse.
Si bien es cierto que hay violencia en
su espectáculo, las letras de sus
canciones son más críticas
que militantes. Me gustó mucho,
en este sentido, la respuesta que el cantante
dio a Michael Moore a la pregunta de qué
les diría a los asesinos, que fue
“no les diría nada, escucharía
lo que ellos tuvieran que decirme, creo
que es algo que nadie ha hecho”.
En el plano técnico conviene destacar
que la estética es completamente
la de un documental, formado por entrevistas,
imágenes de archivo, datos estadísticos
e incluso fragmentos de películas.
En algún caso emplea también
imágenes de alguna serie, como
South Park, y la animación, para
la breve historia de América, recreada
mediante esta técnica.
Por lo demás, los fragmentos de
entrevistas varían en función
del personaje, ya que, si mal no recuerdo,
al entrevistar a Charlton Heston la cámara
y encuadre son fijos, ya que entrevistador
y entrevistado están sentados,
sin embargo, en otros casos, como cuando
Michael Moore va andando, o está
entrevistando a alguien que está
de pie o andando, se utiliza cámara
en mano, algo que a mi modo de ver nos
acerca mucho la historia en sí.
El desarrollo está muy hilado,
de manera que se afirman cosas que posteriormente
se confrontan, tejiendo una tela de araña
que plantea preguntas y las contesta.
En cuanto al sonido, en varias ocasiones
emplea músicas de sobra conocidas,
y en muchas ocasiones de forma irónica,
como la ya nombrada “What a wonderful
World”, de Armstrong, o “Happiness
is a Warm Gun”, de The Beatles.
Sin embargo, para las entrevistas se emplea
el sonido directo, incluso diría
que sin más micrófono que
el de la cámara, aunque de esto
no estoy segura. No sé cómo
se habrá planteado en la versión
original de la cinta, pero el doblaje
se ha hecho por encima del sonido real,
como en muchos documentales, algo que
suele pretender reflejar veracidad de
contenidos.
Arancha
Paz
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Ficha
Técnica:
Director: Michael
Moore
Nacionalidad: Cánada - Reino
Unido - USA
Duración: 123 minutos
Año: 2002
Guionista: Michael Moore
Productor: Michael Moore, Kathleen
Glynn, Jim Czarnecki, Charles Bishop,
Michael Donovan
Música: Jeff Gibbs
Fotografía: Brian Danitz, Michael
Mcdonough
Montaje: Kurt Engfehr |
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Sinopsis:
¿Por qué
11.000 personas mueren cada año
en Estados Unidos víctimas
de las armas de fuego? ¿Es
tan diferente Estados Unidos de otros
países? ¿En qué
se diferencia de otros? ¿Por
qué Estados Unidos se ha convertido
en autor y víctima de tanta
violencia?
Bowling for Columbine es un documental
sobre las armas. Para los estadounidenses,
es la condena despiadada e irónica
de una cultura del miedo que ha empujado
a un pueblo a armarse hasta los dientes
y a perder el control. Para los demás,
es una advertencia en clave humorística
sobre lo que podría pasar en
cualquier país del mundo que
decidiera adoptar el Modelo Americano
para crear un subproletariado numeroso
y permanente que debe ser combatido
por un ejército armado protegido
por la Constitución. |
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