sábado, 31 de julio de 2010 ESPECIAL FERIA DE SAN JUAN   

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Buenas noches, y buena suerte

Es increíble (y deprimente) que una historia que ocurrió hace 50 años pueda ser tan actual como la narrada en "Buenas noches y Buena suerte". El clima conspiratorio que existe hoy en parte de la sociedad norteamericana no es muy diferente de aquel provocado por Joseph McCarthy durante la década de los cincuenta -la diferencia es que no es una historia inventada, si en aquella época los que cuestionaban al temido senador eran tachados de "comunistas", hoy los críticos de Bush y su cohorte son cuestionados en cuando al "patriotismo" que puedan sentir o, en casos extremos, clasificados como simpatizantes del terrorismo.

Lo que falta hoy, por lo tanto, es que alguien ocupe el lugar de Edward R. Murrow, legendario buque insignia de la CBS, y que en su programa "See it now" se mostró esencial, con sus críticas y reportajes, para el hundimiento de McCarthy. En vez de eso, el gremio periodístico (inclusive el español) viene siendo dominado por figuras cobardes y sin ética, cuya búsqueda de la verdad se diluyó en el tiempo a favor de intereses corporativos y políticos: por lo tanto, la figura de Murrow, con su coraje, su ética y su trayectoria, es una verdadera clase de periodismo (Buenas noches y buena suerte debería ser exhibida en las facultades solamente por el espléndido discurso hecho por el "personaje" en el comienzo y la conclusión de la película).

Ambientada en un periodo de tiempo relativamente corto, de octubre de 1953 a mayo del 54 (con excepción del ya citado discurso, que ocurre en el 58) el guión escrito por George Clooney y Grant Heslow nos muestra a Murrow y a su equipo en el auge del McCarthysmo, cuando el clima de paranoia fomentado por el senador lleva a las fuerzas de aviación norteamericanas a expulsar a un teniente en función de denuncias anónimas relacionadas con el padre del militar (algo que da origen a un episodio de "See it Now", dedicado al caso).

A partir de aquí, Murrow y su productor Fred Friendly, inician una búsqueda que darían lugar a un programa en el cual usan las palabras de McCarthy contra él. Volviendo a la silla de director después de su buenísima "Confesiones de una mente peligrosa", Clooney se muestra más bien contenido en esta ocasión, evitando movimientos de cámara rebuscados y concentrándose más en los diálogos y en el clima de tensión inspirado por el choque entre dos grandes fuerzas: los medios de comunicación y la política. Esforzándose al máximo para rescatar el gusto visual y la mentalidad de la época, el director utiliza piezas publicitarias producidas en la década de los cincuenta e incluye pequeños interludios a lo largo de la narrativa en los cuales Diane Reeves surge cantando clásicos de jazz que dotan al filme de un tono nostálgico. Las participaciones de Reeves representan las únicas intervenciones musicales en la cinta, ya que Clooney -siguiendo una tendencia cada vez mayor entre los cineastas contemporáneos- descarta la utilización de banda sonora. La fotografía, en blanco y negro obra de Robert Elswit, usa las sombras de una manera soberbia, adoptando un tono realista y destacando que, en toda la película, solo hay un plano en exteriores, resaltando ese tono oscuro en el que refleja como se está desarrollando una batalla dentro de los edificios.

Clooney como actor, también hace un buen trabajo al orquestar las actuaciones: en medio de un reparto muy competente, Frank Langella merece una especial mención por dar vida a William S. Palley, presidente de la CBS, y que es retratado como un hombre dividido por sus obligaciones corporativas y su compromiso con la ética periodística. También nos encontramos a Ray Wise, que encarna al trágico Don Hollembeck con simpatía y sufrida dignidad, a la vez que Robert Downey Jr y Patricia Clarkson nos enseñan los problemas de una pareja que debe esconder su unión a los jefes, que prohibían el matrimonio entre trabajadores.

Finalmente, el propio Clooney, con su carisma habitual, establece un aire de complicidad importante entre su Fred Friendly y Edward Murrow, interpretado por David Strathairn. Este último, como no podría ser de otra manera, representa el centro absoluto de la película: periodista famoso y prestigioso, jamás se acomoda en el status que tiene, buscando, en lugar de mantener dicho status, nuevas batallas que hagan justa la influencia que sabe ejercer sobre el público. Con un aire siempre formal delante de las cámaras, el periodista intenta presentar una fachada firme y segura, aunque la película ganaría más dimensión si tuviésemos acceso a otras facetas del periodista, como su vida familiar, o su muy conocida atracción por el peligro, que frecuentemente demostraba en arriesgados reportajes durante la Segunda Guerra Mundial.

Consciente de la importancia de este proyecto, George Clooney usa a Murrow como un símbolo de las virtudes periodísticas: después del programa en el que desenmascaran a McCarthy, sentimos como esos hombres dormirán con orgullo por la noche. En la actualidad, lo que tenemos hoy es una programación cada vez más volcada con lo vacío y lo superficial. La televisión se ha vuelto, como predijo Murrow en algo banal, desperdiciando su potencial informativo en pro del entretenimiento, la mayoría de las veces, vacío y descartable, volviéndose un arma para los gobernantes que quieren mantener a la población distraída en un constante vacío de informaciones.

Buenas noches y buena suerte es más que un filme interesante y eficiente: es una lección cívica como aquellas que el propio Murrow se encargaba de impartir en su programa.

Caty Cordero

Ficha Técnica:

Director: George Clooney
Nacionalidad: USA
Duración: 90 minutos
Año: 2005
Guionista: George Clooney, Grant Heslov
Productor: George Clooney, Grant Heslov, Steven Soderbergh
Fotografía: Robert Elswit
Montaje: Stephen Mirrione

Ficha Artística:

George Clooney (Fred Friendly), David Strathairn (Edward R. Murrow), Patricia Clarkson (Shirley Wershba), Robert Downey Jr. (Joe Wershba), Jeff Daniels (Sigfried “Sig” Mickelson), Tate Donovan (Jesse Zousmer), Ray Wise (Don Hollenbeck), Frank Langella (William Paley), Robert John Burke (Charlie Mack), Reed Diamond (John Aaron), Tom McCarthy (Palmer Williams), Matt Ross (Eddie Scott), Grant Heslov (Don Hewitt)

Sinopsis:
Corre el año 1953, la televisión todavía está en pañales, y Edward R. Murrow (DAVID STRATHAIRN), carismático periodista televisivo, presenta el popular programa informativo "See it Now," en la CBS. Murrow, junto al productor Fred Friendly (GEORGE CLOONEY), supervisa un show que informa de las principales noticias del día. También es el presentador del programa de entrevistas "Person to Person," sin embargo, "el rostro de la televisión" es más feliz como locutor de noticias.

La sala de redacción de la CBS es un constante hervidero lleno de actividad, con secretarias mecanografiando, terminales de la AP (Associated Press) y de la UPI (United press International) repicando sin parar y los bulliciosos equipos de cámara. Murrow tiene a su mando un abnegado equipo de periodistas, entre los que se cuentan Don Hewitt (GRANT HESLOV), Joe Wershba (ROBERT DOWNEY JR.), Palmer Williams (TOM MCCARTHY), Jesse Zousmer (TATE DONOVAN), John Aaron (REED DIAMOND), Charlie Mack (ROBERT JOHN BURKE) y Eddie Scott (MATT ROSS). Todos estos hombres van a convertirse en leyendas de la información televisiva, pero justo en estos momentos sus carreras no hacen sino empezar. Ahora se reúnen para hacer criba de los diversos temas del día y discutir historias posibles.

Una de esas historias es la de Milo Radulovich, meteorólogo del Ejército del Aire que ha sido expulsado del cuerpo por considerarse que representa un problema de seguridad. Declarado culpable sin juicio, se le había pedido que denunciara a su padre y hermana si quería seguir manteniendo el puesto, a lo que se negó en redondo. Todos los cargos contra él se mantenían en secreto. Murrow informa de ello en el programa pese a la oposición del número 2 de la CBS, Sig Mickelson (JEFF DANIELS), que teme poner el programa en la cuerda floja. Murrow y Friendly se sienten tan comprometidos con el programa que incluso deciden cubrir de su bolsillo la pérdida de ingresos por publicidad causada por los patrocinadores con contactos militares.

La figura poderosa del momento es el senador Joseph McCarthy, de Wisconsin, presidente del Comité de Actividades Antiamericanas. El senador se halla en una singular cruzada para deshacerse de todos los comunista del país. Su implacable persecución de todo aquél que a él le parece pueda tener contacto con el Partido Comunista ha desatado una corriente de paranoia que está haciendo mella en la conciencia colectiva. Así de desmesurado es su poder, capaz de obligar a abandonar sus lugares de trabajo y al exilio a personas cuyo espectro laboral va desde el servicio de las armas a las comunidades creativas, sólo justificado por sus propios ataques.

Murrow sospecha que McCarthy puede tener que ver con la expulsión de Radulovich, y le preocupa que sus sesiones a puerta cerrada y vitriolo de opereta contribuyan a ocultar el hecho de que en realidad no tiene auténticas pruebas, por lo que está erosionando las libertades civiles de la gente. El programa sobre Radulovich sale al aire y ocasiona una respuesta indirecta de McCarthy. Por supuesto que Murrow es acusado de ser un simpatizante comunista, debido a su actitud interrogativa y a sus investigaciones sobre el caso. En su fuero interno, el presentador sabe muy bien que todo eso no son más que patrañas pensadas para asustar a su equipo con el fin de dispersarlo.

Pero este ataque lo único que consigue es inyectar más combustible en el depósito del equipo informativo. Tras un encuentro con el jefe de la CBS William Paley (FRANK LANGELLA), afín a la causa, Murrow decide combatir el fuego con fuego y comienza a informar acerca de lo que le parecen insuficiencias y mentiras perpetradas en las sesiones de McCarthy.

El programa dedicado a McCarthy se emite, y la editorial de Murrow, repartida entre el principio y el final del espacio, no es menos que brillante. Consigue destacar los graves temas que implican las sesiones de McCarthy, como son: la línea que separa investigación y 'persecución'; la confusión entre disentir y deslealtad; entender la acusación como una prueba de culpabilidad; la condena sólo es posible tras las pruebas y la aplicación de las leyes en un proceso judicial; y, finalmente, como defensores de las libertades en todo el mundo, los EE.UU. no pueden perderlas en su propio territorio. Y lo que es más, en el programa, en lugar de atacar directamente a McCarthy, éste sólo aparece y se escucha con sus propias palabras, todo lo cual parece corroborar todo lo apuntado más arriba. La crítica consideró el espacio como una obra maestra del periodismo combativo y altamente responsable, lo que no es habitual en la televisión. De momento, el conocimiento de las tácticas de McCarthy ya son de dominio público, y Murrow está a salvo.

Súbitamente, Radulovich recupera su puesto aunque las vistas teatrales de McCarthy no cesan, siempre escupiendo acusaciones a la gente a partir de habladurías. El programa informa de las sesiones a las que se ha sometido Annie Lee Moss en las que el senador McClellan insiste en que McCarthy y su hombre de confianza, Roy Cohn, le suministran evidencias corroborativas que la marcan como culpable. El público resulta así testigo de cuán oscuras, incluso sin fundamento, llegan a ser las acusaciones.

Murrow invita a McCarthy a venir al programa. El senador consiente en ello pero su refutación será filmada con anterioridad y necesitará tiempo para prepararse. Finalmente se emite y, como era de esperar, sigue acusando a Murrow de tener lazos comunistas sin mencionar ninguna de las acusaciones que hay contra él. Evidentemente, si llevara la contraria al contenido de hecho del programa, socavaría sus propias palabras. Murrow especifica esto en la emisión de la siguiente semana y clarifica su naturaleza, una vez más negando cualquier implicación con el Partido Comunista, y sintiendo que su búsqueda de la verdad, incluso si ello significa atraer la atención de McCarthy, merece la pena. De nuevo el senador es vapuleado por la prensa y ve cómo tambalean los sondeos de opinión favorables.

El programa ha sabido captar para la opinión pública la ojeriza de McCarthy evidenciada por la clandestinidad de sus tácticas de investigación. Estando todo esto en pleno centro de la opinión pública, el Senado empieza a moverse con el fin de censurar al senador y por votación le deponen como Presidente del Comité.

Para Murrow, su programa pionero y su departamento de informativos eran lo que definía la CBS. Sin embargo, el show sufrió un traslado en la parrilla horaria semanal hacia el domingo y sólo por cinco episodios más. Paley percibió que los tiempos estaban cambiando y cómo debía ser el entretenimiento que la gente quería en sus televisores por aquellos días. Pero aún así, el legado del programa de Murrow demuestra que fue una de las emisiones pioneras del llamado periodismo de investigación. Ya fuera una exposición acerca de temas como la segregación racial, el apartheid, la explotación de los trabajadores inmigrantes, o bien el famoso conflicto con el senador Joe McCarthy, Murrow estaba destinado a influir en las generaciones venideras.


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