sábado, 31 de julio de 2010 ESPECIAL FERIA DE SAN JUAN   

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Charlie y la fábrica de chocolate

Reconozco que soy un admirador del trabajo de Tim Burton. Es un hombre con una imaginación original, deslumbrante y retorcida. También reconozco que ni he leído la obra de Roald Dahl, el autor del libro en que se basa la película, ni he visto la adaptación al cine que ya hizo en el 71 Mel Stuart, con Gene Wilder como Willy Wonka.

La película trata de que Willy Wonka, un magnate del chocolate, tiene una enorme fábrica de este delicioso elemento, totalmente automatizada, y que nadie ha podido ver nunca. Un día, decide envasar en sus chocolatinas cinco billetes de oro. Aquellos niños afortunados que abran sus chocolatinas y encuentren dichos billetes, tendrán derecho a visitar la fábrica, acompañados de un familiar que cuide de ellos.

Los afortunados son de lo más variopinto: un obeso que no para de comer, una pija mangoneadora, una deportista malcriada, un niñato violento, y un niño muy pobre (Charly). A uno de esos niños le espera un gran regalo al final de la visita...

Willy va llevando a los niños por diferentes cámaras de su fábrica para que caigan en sus más profundas tentaciones, y así eliminarlos del viaje. De esta forma, al final quedará el niño más honrado y mejor educado.

En cuanto al funcionamiento de la película, pues estupendo. La puesta en escena de Burton para sus filmes siempre es ingeniosa y original. Empezando por su actor fetiche, Johny Deep, y recogiendo otros actores de anteriores películas suyas, el reparto queda bastante, bastante creíble, desde los niños hasta sus familiares y quienes los rodean. Interpretación acertada, con una continua tormenta de colores en un mundo realmente imaginativo del que no faltarán sonrisas o carcajadas en cada una de las cámaras por las que pasan, ya sean debidas al guión, a ciertos detalles (como ese guiño a la película 2001 de Kubrick), o a los oompa-loompas, los ayudantes de Willy, que protagonizan los momentos más graciosos del metraje.

La puesta en escena no es espectacular pero cumple su propósito. No son una maravilla los efectos visuales ni por supuesto son creíbles muchos de los momentos, pero debemos pensar que es una película "infantil" para todos los públicos, y cuya intención no es que este efecto o este otro sean perfectos, sino que el público vea la intención. Los diseños retorcidos de Burton están también presentes por ejemplo en la casa de los Bucket, y la crítica a la sociedad típicamente suya también lo está en las presentaciones de cada uno de los niños. La banda sonora, a cargo de Danny Elfman, su amigo de toda la vida, pues estupenda también, muy al estilo de las otras composiciones para Burton.

Elfman también se ha encargado de las letras de las canciones de los oompa-loompas (muy originales, y como ya hizo también en otros trabajos como Pesadilla antes de Navidad).

En resumen, una película distinta, en la línea de su última producción "Big fish", en la que la originalidad de las situaciones y de los escenarios nos harán respirar aire fresco, con algún que otro momento en el que se hace algo pesada pero que en general se olvida porque su gracia y su ingenio nos hará quedarnos con un agradable sabor de boca.

Alejandro Oyola

Ficha Técnica:

Director: Tim Burton
Nacionalidad: Reino Unido - USA
Duración: 106 minutos
Año: 2005
Guionista: John August, Roald Dahl
Productor: Richard D. Zanuck, Brad Grey
Música: Danny Elfman
Fotografía: Philippe Rousselot
Montaje: Chris Lebenzon

Ficha Artística:

Johnny Depp (Willy Wonka), Freddie Highmore (Charlie Bucket), David Kelly (El abuelo Joe), Noah Taylor (Papá Bucket), Christopher Lee (Dr. Wonka), Helena Bonham Carter (Mamá Bucket), Missi Pyle (Sra. Beauregarde), James Fox (Sr. Salt), Deep Roy (Oompa-Loompas)

Sinopsis:
El director Tim Burton aporta su estilo marcadamente imaginativo al entrañable clásico de Roald Dahl Charlie y la fábrica de chocolate, sobre el excéntrico chocolatero Willy Wonka (JOHNNY DEPP) y Charlie Bucket (FREDDIE HIGHMORE), un bondadoso niño de familia pobre que vive a la sombra de la extraordinaria fábrica de Wonka.

La mayoría de las noches en el hogar de los Bucket, la cena es un tazón de sopa de repollo aguada que el joven Charlie comparte con mucho gusto con su madre (HELENA BONHAM CARTER), su padre (NOAH TAYLOR), sus dos abuelos y sus dos abuelas. La suya es una vieja casa diminuta, destartalada y con corrientes de aire, pero está llena de amor. Todas las noches, lo último que Charlie ve desde su ventana es la gran fábrica, y se queda dormido soñando con lo que habrá dentro.

Desde hace casi quince años, nadie ha visto entrar o salir de la fábrica a un solo trabajador, y tampoco han visto al propio Willy Wonka, y sin embargo, misteriosamente, se siguen elaborando grandes cantidades de chocolate que se envían a tiendas de todo el mundo.

Un día Willy Wonka hace un anuncio trascendental. Abrirá su famosa fábrica y revelará "todos sus secretos y su magia" a cinco afortunados niños que encuentren unos billetes dorados escondidos en el interior de cinco chocolatinas Wonka elegidas al azar.

Nada haría más feliz a la familia de Charlie que verle ganar, pero tiene muy pocas posibilidades, ya que sólo se pueden permitir comprar una chocolatina al año, para su cumpleaños.

En efecto, una a una se divulgan noticias en todo el mundo sobre los niños que encuentran los billetes dorados y la esperanza de Charlie es cada vez más débil. Primero está el glotón Augustus Gloop, que no piensa más que en meterse dulces en la boca todo el día, seguido por la mimada Veruga Salt, a la que le dan ataques si su padre no le compra todo lo que quiere. A continuación está Violeta Beauregarde, campeona en masticar chicle a la que sólo le importan los trofeos de su vitrina, y finalmente el hosco Mike Tevé, que siempre está alardeando de que es más inteligente que nadie.

Pero entonces sucede algo maravilloso. Charlie encuentra una moneda en la calle nevada y va a la tienda más cercana para comprar una Delicia Wonka de Suculento Dulce de Leche, pensando sólo en el hambre que tiene y en lo rica que estará. Ahí, bajo el envoltorio hay un destello dorado. Es el último billete. ¡Charlie va a ir a la fábrica! Su abuelo Joe (DAVID KELLY) está tan entusiasmado por la noticia que salta de la cama como si de repente fuera varios años más joven, recordando una época más feliz cuando trabajaba en la fábrica, antes de que Willy Wonka cerrara para siempre sus puertas a la ciudad. La familia decide que el abuelo Joe debería ser el que acompañe a Charlie en esta aventura irrepetible.

Una vez dentro, Charlie se queda deslumbrado por una visión sorprendente tras otra. Maravillosos y relucientes artilugios inventados por el propio Wonka giran, saltan y silban, produciendo delicias comestibles siempre nuevas y diferentes. Equipos de alegres Oompa-Loompas extraen montañas de caramelo de dulce de leche al lado de una espumosa cascada de chocolate o navegan en un barco traslúcido de caramelo hilado y con cabeza de dragón por un río de chocolate, pasando por delante de retorcidos árboles de bastones de caramelo y de hierba de azúcar mentolado comestible. Bombones de cereza y malvavisco crecen en arbustos, maduros y dulces. En otra parte, cien ardillas adiestradas sobre cien diminutos taburetes pelan frutos secos para las chocolatinas más rápidamente que cualquier máquina, y el propio Wonka pilota un imposible ascensor de cristal que se mueve vertiginosamente de lado, en diagonal y en cualquier dirección que se os ocurra por la enorme y fantástica fábrica.

El propio Willy Wonka es casi tan enigmático como sus extravagantes inventos, un anfitrión cortés pero muy poco convencional. No piensa en casi nada salvo en golosinas - excepto, de vez en cuando, cuando de repente parece estar pensando en algo que sucedió hace mucho tiempo, de lo que nos es capaz de hablar. Se dice que Wonka no ha salido de la fábrica en años. Quién es realmente y por qué ha dedicado su vida a hacer dulces es algo que Charlie sólo puede adivinar.

Entretanto, los otros niños resultan ser un grupo de malcriados, tan poseídos de sí mismos que apenas aprecian la maravilla de las creaciones de Wonka. Uno a uno, su personalidad glotona, mimada, mezquina o sabelotodo les llevan a todo tipo de problemas que les obligan a abandonar la visita antes de que haya terminado.

Cuando sólo queda el pequeño Charlie Bucket, Willy Wonka revela el secreto final, el premio más fabuloso de todos: las llaves de la propia fábrica. Largo tiempo aislado de su propia familia, Wonka cree que es hora de encontrar un heredero para su imperio de golosinas, alguien en quien pueda confiar para continuar el trabajo de su vida y por eso ideó este complicado concurso para elegir a ese niño especial.

Lo que nunca espera es que su acto de inmensa generosidad le reporte a cambio un regalo aún más valioso.


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