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| Charlie
y la fábrica de chocolate |
Reconozco
que soy un admirador del trabajo de Tim
Burton. Es un hombre con una imaginación
original, deslumbrante y retorcida. También
reconozco que ni he leído la obra
de Roald Dahl, el autor del libro en que
se basa la película, ni he visto
la adaptación al cine que ya hizo
en el 71 Mel Stuart, con Gene Wilder como
Willy Wonka.
La película trata de que Willy
Wonka, un magnate del chocolate, tiene
una enorme fábrica de este delicioso
elemento, totalmente automatizada, y que
nadie ha podido ver nunca. Un día,
decide envasar en sus chocolatinas cinco
billetes de oro. Aquellos niños
afortunados que abran sus chocolatinas
y encuentren dichos billetes, tendrán
derecho a visitar la fábrica, acompañados
de un familiar que cuide de ellos.
Los afortunados son de lo más
variopinto: un obeso que no para de comer,
una pija mangoneadora, una deportista
malcriada, un niñato violento,
y un niño muy pobre (Charly). A
uno de esos niños le espera un
gran regalo al final de la visita...
Willy va llevando a los niños
por diferentes cámaras de su fábrica
para que caigan en sus más profundas
tentaciones, y así eliminarlos
del viaje. De esta forma, al final quedará
el niño más honrado y mejor
educado.
En cuanto al funcionamiento de la película,
pues estupendo. La puesta en escena de
Burton para sus filmes siempre es ingeniosa
y original. Empezando por su actor fetiche,
Johny Deep, y recogiendo otros actores
de anteriores películas suyas,
el reparto queda bastante, bastante creíble,
desde los niños hasta sus familiares
y quienes los rodean. Interpretación
acertada, con una continua tormenta de
colores en un mundo realmente imaginativo
del que no faltarán sonrisas o
carcajadas en cada una de las cámaras
por las que pasan, ya sean debidas al
guión, a ciertos detalles (como
ese guiño a la película
2001 de Kubrick), o a los oompa-loompas,
los ayudantes de Willy, que protagonizan
los momentos más graciosos del
metraje.
La puesta en escena no es espectacular
pero cumple su propósito. No son
una maravilla los efectos visuales ni
por supuesto son creíbles muchos
de los momentos, pero debemos pensar que
es una película "infantil"
para todos los públicos, y cuya
intención no es que este efecto
o este otro sean perfectos, sino que el
público vea la intención.
Los diseños retorcidos de Burton
están también presentes
por ejemplo en la casa de los Bucket,
y la crítica a la sociedad típicamente
suya también lo está en
las presentaciones de cada uno de los
niños. La banda sonora, a cargo
de Danny Elfman, su amigo de toda la vida,
pues estupenda también, muy al
estilo de las otras composiciones para
Burton.
Elfman también se ha encargado
de las letras de las canciones de los
oompa-loompas (muy originales, y como
ya hizo también en otros trabajos
como Pesadilla antes de Navidad).
En resumen, una película distinta,
en la línea de su última
producción "Big fish",
en la que la originalidad de las situaciones
y de los escenarios nos harán respirar
aire fresco, con algún que otro
momento en el que se hace algo pesada
pero que en general se olvida porque su
gracia y su ingenio nos hará quedarnos
con un agradable sabor de boca.
Alejandro
Oyola
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Ficha
Técnica:
Director: Tim Burton
Nacionalidad: Reino Unido - USA
Duración: 106 minutos
Año: 2005
Guionista: John August, Roald Dahl
Productor: Richard D. Zanuck, Brad
Grey
Música: Danny Elfman
Fotografía: Philippe Rousselot
Montaje: Chris Lebenzon |
Ficha
Artística:
Johnny Depp (Willy
Wonka), Freddie Highmore (Charlie
Bucket), David Kelly (El abuelo Joe),
Noah Taylor (Papá Bucket),
Christopher Lee (Dr. Wonka), Helena
Bonham Carter (Mamá Bucket),
Missi Pyle (Sra. Beauregarde), James
Fox (Sr. Salt), Deep Roy (Oompa-Loompas) |
| Sinopsis:
El director Tim Burton
aporta su estilo marcadamente imaginativo
al entrañable clásico
de Roald Dahl Charlie y la fábrica
de chocolate, sobre el excéntrico
chocolatero Willy Wonka (JOHNNY DEPP)
y Charlie Bucket (FREDDIE HIGHMORE),
un bondadoso niño de familia
pobre que vive a la sombra de la extraordinaria
fábrica de Wonka.
La mayoría
de las noches en el hogar de los Bucket,
la cena es un tazón de sopa
de repollo aguada que el joven Charlie
comparte con mucho gusto con su madre
(HELENA BONHAM CARTER), su padre (NOAH
TAYLOR), sus dos abuelos y sus dos
abuelas. La suya es una vieja casa
diminuta, destartalada y con corrientes
de aire, pero está llena de
amor. Todas las noches, lo último
que Charlie ve desde su ventana es
la gran fábrica, y se queda
dormido soñando con lo que
habrá dentro.
Desde hace casi quince
años, nadie ha visto entrar
o salir de la fábrica a un
solo trabajador, y tampoco han visto
al propio Willy Wonka, y sin embargo,
misteriosamente, se siguen elaborando
grandes cantidades de chocolate que
se envían a tiendas de todo
el mundo.
Un día Willy
Wonka hace un anuncio trascendental.
Abrirá su famosa fábrica
y revelará "todos sus
secretos y su magia" a cinco
afortunados niños que encuentren
unos billetes dorados escondidos en
el interior de cinco chocolatinas
Wonka elegidas al azar.
Nada haría
más feliz a la familia de Charlie
que verle ganar, pero tiene muy pocas
posibilidades, ya que sólo
se pueden permitir comprar una chocolatina
al año, para su cumpleaños.
En efecto, una a
una se divulgan noticias en todo el
mundo sobre los niños que encuentran
los billetes dorados y la esperanza
de Charlie es cada vez más
débil. Primero está
el glotón Augustus Gloop, que
no piensa más que en meterse
dulces en la boca todo el día,
seguido por la mimada Veruga Salt,
a la que le dan ataques si su padre
no le compra todo lo que quiere. A
continuación está Violeta
Beauregarde, campeona en masticar
chicle a la que sólo le importan
los trofeos de su vitrina, y finalmente
el hosco Mike Tevé, que siempre
está alardeando de que es más
inteligente que nadie.
Pero entonces sucede
algo maravilloso. Charlie encuentra
una moneda en la calle nevada y va
a la tienda más cercana para
comprar una Delicia Wonka de Suculento
Dulce de Leche, pensando sólo
en el hambre que tiene y en lo rica
que estará. Ahí, bajo
el envoltorio hay un destello dorado.
Es el último billete. ¡Charlie
va a ir a la fábrica! Su abuelo
Joe (DAVID KELLY) está tan
entusiasmado por la noticia que salta
de la cama como si de repente fuera
varios años más joven,
recordando una época más
feliz cuando trabajaba en la fábrica,
antes de que Willy Wonka cerrara para
siempre sus puertas a la ciudad. La
familia decide que el abuelo Joe debería
ser el que acompañe a Charlie
en esta aventura irrepetible.
Una vez dentro, Charlie
se queda deslumbrado por una visión
sorprendente tras otra. Maravillosos
y relucientes artilugios inventados
por el propio Wonka giran, saltan
y silban, produciendo delicias comestibles
siempre nuevas y diferentes. Equipos
de alegres Oompa-Loompas extraen montañas
de caramelo de dulce de leche al lado
de una espumosa cascada de chocolate
o navegan en un barco traslúcido
de caramelo hilado y con cabeza de
dragón por un río de
chocolate, pasando por delante de
retorcidos árboles de bastones
de caramelo y de hierba de azúcar
mentolado comestible. Bombones de
cereza y malvavisco crecen en arbustos,
maduros y dulces. En otra parte, cien
ardillas adiestradas sobre cien diminutos
taburetes pelan frutos secos para
las chocolatinas más rápidamente
que cualquier máquina, y el
propio Wonka pilota un imposible ascensor
de cristal que se mueve vertiginosamente
de lado, en diagonal y en cualquier
dirección que se os ocurra
por la enorme y fantástica
fábrica.
El propio Willy Wonka
es casi tan enigmático como
sus extravagantes inventos, un anfitrión
cortés pero muy poco convencional.
No piensa en casi nada salvo en golosinas
- excepto, de vez en cuando, cuando
de repente parece estar pensando en
algo que sucedió hace mucho
tiempo, de lo que nos es capaz de
hablar. Se dice que Wonka no ha salido
de la fábrica en años.
Quién es realmente y por qué
ha dedicado su vida a hacer dulces
es algo que Charlie sólo puede
adivinar.
Entretanto, los otros
niños resultan ser un grupo
de malcriados, tan poseídos
de sí mismos que apenas aprecian
la maravilla de las creaciones de
Wonka. Uno a uno, su personalidad
glotona, mimada, mezquina o sabelotodo
les llevan a todo tipo de problemas
que les obligan a abandonar la visita
antes de que haya terminado.
Cuando sólo
queda el pequeño Charlie Bucket,
Willy Wonka revela el secreto final,
el premio más fabuloso de todos:
las llaves de la propia fábrica.
Largo tiempo aislado de su propia
familia, Wonka cree que es hora de
encontrar un heredero para su imperio
de golosinas, alguien en quien pueda
confiar para continuar el trabajo
de su vida y por eso ideó este
complicado concurso para elegir a
ese niño especial.
Lo que nunca espera
es que su acto de inmensa generosidad
le reporte a cambio un regalo aún
más valioso. |
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