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Ficha
Técnica:
Director: Oliver
Hirschbiegel
Nacionalidad: Alemania
Duración: 150 minutos
Año: 2004
Guionista: Bernd Eichinger, Joachim
Fest, Traudl Junge, Melissa Müller
Productor: Bernd Eichinger
Música: Stephan Zacharias
Fotografía: Rainer Klausmann
Montaje: Hans Funck |
Ficha
Artística:
Bruno Ganz (Adolf
Hitler), Alexandra Maria Lara (Traudl
Junge), Juliane Köhler (Eva Braun),
Corinna Harfouch (Magda Goebbels),
Thomas Kretschmann (Hermann Fegelein),
Ulrich Matthes (Joseph Goebbels),
Heino Ferch (Albert Speer), Christian
Berkel (Doctor Schenck), Matthias
Habich (Doctor Werner Haase) |
| Sinopsis:
Berlín, abril
de 1945. Una nación está
a punto de sufrir su hundimiento.
Una encarnizada batalla se libra en
las calles de la capital. Hitler y
su círculo de confianza se
han atrincherado en el búnker
del Führer. Entre ellos se encuentra
Traudl Junge, secretaria personal
de Hitler. En el exterior, la situación
se recrudece. A pesar de que Berlín
ya no puede resistir más, el
Führer se niega a abandonar la
ciudad. Mientras el sangriento peso
de la guerra cae sobre sus últimos
defensores, Hitler prepara su despedida
final. Horas antes de suicidarse juntos,
él y Eva Braun contraen matrimonio.
Sus cadáveres deben ser incinerados
para que no caigan en manos del enemigo.
Muchos otros optan por el suicidio.
Cuando la situación se hace
insostenible, Magda Goebbels envenena
a sus seis hijos y seguidamente su
esposo y ella se quitan la vida. Poco
después, Traudl Junge y otros
supervivientes consiguen escapar en
el último momento...
La historia
Una fría noche de noviembre
de 1942, ya entrada la madrugada,
un grupo de mujeres jóvenes
es escoltado a través del bosque
por oficiales de las SS en dirección
a "la guarida del lobo",
el cuartel general de Hitler en Prusia
Oriental. Son candidatas al puesto
de secretaria personal del Führer.
Entre ellas se encuentra Traudl Junge
(Alexandra Maria Lara), una joven
de veintidós años procedente
de Munich. Las mujeres son conducidas
a la sala adyacente a la oficina privada
de Hitler. Están ansiosas por
dar una buena imagen. La puerta de
la oficina se abre y Adolf Hitler
(Bruno Ganz) entra en la sala. Las
mujeres se ponen en pie y el Führer
las saluda, una a una, estrechándoles
la mano y preguntándoles de
dónde son. Traudl resulta ser
la elegida para el puesto y no cabe
en sí de la alegría
al pensar que va a servir a su Führer.
BERLÍN, 20
DE ABRIL DE 1945: Hitler se ha retirado
al sistema de búnkeres que
se encuentra bajo la cancillería
alemana. Traudl Junge duerme en su
habitación, a gran profundidad
bajo tierra, cuando el temblor del
fuego de artillería la despierta.
El enemigo se acerca.
El ejército
ruso está estrechando el cerco
sobre Berlín. La capital está
reducida a escombros. La derrota de
Alemania es inevitable. Sólo
unos cuantos soldados siguen luchando
en las calles ayudados por las milicias
populares Volkssturm y los niños
de las Juventudes Hitlerianas. Uno
de ellos, Peter (Donevan Gunia), de
trece años, ha logrado destruir
con éxito dos tanques rusos.
Su padre (Karl Kranzkowski), claramente
turbado por la visión de su
hijo manejando un lanzacohetes, le
suplica que deje el arma y regrese
a casa. El chico se niega y su padre
avisa al pequeño grupo de milicianos
de que todo está perdido y
que en pocos días estarán
todos muertos.
Mientras, en el búnker
de Hitler, su amante, Eva Braun (Juliane
Köhler), está preparando
la celebración del 56 aniversario
del Führer. Los dirigentes del
régimen nazi se reúnen,
por última vez, ante una copa
de champagne. Entre ellos se encuentra
el ministro del Interior, Heinrich
Himmler (Ulrich Noethen), que le pide
a Hitler que abandone Berlín
para refugiarse en un lugar más
seguro. Hitler se niega, no piensa
abandonar la ciudad. El segundo de
Himmler es Herman Fegelein (Thomas
Krestchmann), marido de la hermana
a la que Eva adora. Fegelein pide
a su cuñada que convenza a
Hitler de que abandone Berlín,
ya que es cuestión de días
que los aliados lleguen a la cancillería.
Mientras la ciudad
arde sobre sus cabezas, Hitler y su
ministro de Propaganda, Josef Goebbels
(Ulrich Matthes) siguen esperando
una victoria final. Hitler ordena
a lo que queda de su ejército
que regrese a Berlín. Sus generales
no sólo no contravienen sus
órdenes, sino que hacen todo
lo posible por cumplirlas. Hitler
dice a Albert Speer (Heino Ferch),
ministro de Armamento y consejero
personal suyo, que, una vez Alemania
haya ganado la guerra, el bombardeo
de las ciudades facilitaría
la recogida de los escombros y el
comienzo de la reconstrucción.
Speer también le pide que abandone
la capital para salvarse a sí
mismo, a la ciudad y a sus habitantes
de la destrucción. Hitler le
responde que o gana en Berlín
o afrontará su derrota. En
este último caso, ordena a
Speer que destruya toda Alemania y
que no deje al enemigo más
que "tierra quemada".
La lucha es encarnizada
en cada esquina de Berlín.
El Ejército Rojo está
cada vez más cerca. Los escuadrones
de la muerte de las SS deambulan ejecutando
a cualquier sospechoso de haberse
rendido. La última de las fuerzas
alemanas se retira de la capital llevándose
con ella los alimentos y suministros
que quedaban. Un médico del
ejército, el doctor Schenck
(Christian Berkel), se niega a abandonar
la ciudad y se queda para ayudar a
la población en la medida de
sus posibilidades. Se dirige a lo
que queda de un hospital y allí
colabora con el doctor Werner Haase
(Matthias Habich), uno de los médicos
personales de Hitler, atendiendo a
los heridos.
Al darse cuenta de
que el final está cerca, Goebbels
trae a su mujer, Magda (Corinna Harfouch),
y a sus seis pequeños hijos
al búnker. Traudl se alegra
de la llegada de los niños,
pues para ella son la prueba viviente
de que no todo está perdido,
de que hay motivos para la esperanza.
Ella y Eva abandonan la fría
y lúgubre oscuridad del búnker
para ir a dar un paseo y tomar el
aire por los jardines de la cancillería.
Como si todo fuera normal, deambulan
por entre las esculturas y fuman.
Las bombas rusas las obligan a dejar
su paseo y regresar al búnker.
Cuando Hitler tiene
noticia de que Himmler está
intentando pactar una rendición
con los estadounidenses, ordena que
lo arresten. Luego exige ver a Fegelein,
el ayudante de Himmler. Pero nadie
consigue encontrarlo en el búnker.
Hitler ordena que encuentren al joven
y lo ejecuten. Eva Braun le suplica
que no mate a su cuñado, pero
Hitler no escucha sus ruegos. Más
tarde encuentran a Fegelein borracho
en la cama de una prostituta. Lo arrastran
al jardín y, en el último
instante, al darse cuenta de la suerte
que le espera, Fegelein se pone derecho,
se abrocha el uniforme y hace el saludo
nazi.
En su última aparición
pública, Hitler sale del búnker
a los jardines de la cancillería.
Fuera le espera un grupo de niños
(lo que quedaba del que fuera su poderoso
ejército), a los que condecora
con medallas por su servicio militar
al Reich. Entre ellos se encuentra
el joven Peter.
El 29 de abril, los
rusos llegan al centro de Berlín.
Nadie puede negar que la guerra está
perdida, ni tan siquiera Peter, el
niño soldado. Peter corre a
su casa y descubre que sus padres
han sido asesinados por un escuadrón
de la muerte de las SS.
Los soldados del
búnker están bebiendo
e intercambiando ideas sobre la mejor
forma de suicidarse. Hitler, solo
en su habitación, observa el
retrato de su héroe, Federico
II, y planea las últimas fases
del hundimiento.
Aquella noche, Hitler
dicta su testamento a Traudl y luego
se casa con Eva (con Goebbels y Boorman
de testigos). A continuación
habla tranquilamente del suicidio
con su médico para asegurarse
de que no será capturado con
vida. Luego le pide a su ayudante
personal, Otto (Götz Otto), que
posteriormente queme su cadáver.
Albert Speer viene a despedirse del
Führer. Antes de abandonar el
búnker, Speer ruega a frau
Goebbels que huya con sus hijos. Pero
ella le contesta que no quiere que
sus hijos vivan en un mundo sin nacionalsocialismo.
Al día siguiente,
Hitler reúne a su personal
para la despedida final. Entrega a
Magda Goebbels una medalla a la madre
más valiente. Da las gracias
por la deliciosa comida y se despide
de Traudl y de sus compañeras.
Hitler y su esposa se retiran entonces
a sus estancias privadas. Se oye un
disparo, prácticamente ahogado
por el ruido del fuego de artillería.
Otto y sus subordinados cumplen la
última voluntad de Hitler y
queman los cadáveres en una
zanja sobre el búnker... |