En las
películas de Terry Gilliam siempre
podemos encontrar un toque de originalidad.
Así por ejemplo tenemos recordamos
"Brazil", película que
roza la locura en algunos casos, y a "Doce
monos", de futuro trágico
y oscuro desarrollo.
En este
caso, "El secreto de los hermanos
Grimm", trata de contarnos que los
famosos autores de cuentos, no los inventaban,
sino que se dedicaban a copiar leyendas
populares. En realidad eran unos farsantes,
que, siguiendo esas leyendas, se dedicaban
a montarlas para luego ser ellos los cazadores
de las brujas, demonios o fantasmas (que
eran compinches suyos disfrazados).
Sin embargo,
fueron arrestados por el ejército
francés, que les impuso una condición:
o liberaban a cierto pueblo de otro farsante
como ellos que se dedicaba a raptar niñas,
o morían en una cámara de
tortura.
Pronto
descubrieron que no había ningún
farsante en el pueblo, sino que el bosque
estaba encantado, pues en él habitaba
una reina con casi medio milenio de edad,
en una alta torre. La reina necesita doce
niñas para robarles su fuerza vital
y así recuperar ella su juventud.
Bueno, en cuanto a la batería
de actores, pues normal. Nada que destacar.
Matt Damon no es una maravilla pero deja
buen sabor de boca. Heath Ledger no es
muy conocido (lo pudimos ver en Monster's
ball). Jonathan Pryce es un actor a quien
el papel de burócrata, jefe o chupatintas
le queda bordado. Peter Stormare ha recibido
un papel bastante deprimente, la verdad
es que la comedia absurda no le va mucho.
A Lena Headey le va bien el papel de guerrera,
y a Monica Belluci, pues bueno, un papel
de segunda, aunque como la mala siempre
queda bien.
No es una obra de arte pero hay que reconocer
que la película es original, sobre
todo por cómo el bosque encantado
va raptando a las niñas, bien en
el pueblo de ambiente siempre gris, con
barro, oscuro... o bien en el bosque de
ambiente dorado, otoñal, onírico
en algunos momentos y amenazador en otros.
La música cumple bastante bien
su cometido, y aunque hay momentos un
tanto absurdos, la película se
deja ver bastante bien, recurriendo a
los efectos especiales en los momentos
precisos para crear criaturas extrañas
como ellas solas.
De todas formas a la película
le sobra una media hora. Las tonterías
de las que hace patética gala el
guión para Peter Stormare le sobran
a la película, pues no es necesario
ese toque ¿cómico? en una
cinta que no es comedia en absoluto. ¿Por
qué? Porque la estropea. No se
hace accesible a más público
por insertar esos toques absurdos, sino
que el que tiene se resiente por tener
que aguantarlo.
Aun así, algo distinto, aunque
sea a ratos, que siempre viene bien, aunque
quizás no sea suficiente como para
que nos decidamos a verla en pantalla
grande, aunque en el fondo siempre merece
la pena.
Alejandro
Oyola