Antiguamente
existía el tópico en Hollywood
que "segundas partes nunca fueron
buenas". Dicho tópico se rompió
en varias ocasiones, pero se olvidó
cuando apareció la segunda parte
de La Guerra de las Galaxias ("El
imperio contraataca"), también
con la segunda de Alien ("Aliens"),
más tarde con la segunda de Terminator
("Terminator 2, el Juicio Final"),
etcétera. Los entendidos del cine
parece que olvidaron ese concepto durante
un tiempo. Sin embargo, últimamente
la escasez de ideas y la necesidad de
vender desempolvando viejas glorias han
llevado a la empresa del celuloide a sacar
a la luz verdaderos bodrios, como la horrorosa
segunda parte de Starship troopers, que
ni siquiera llegó a las taquillas...
se quedó en DVD. Ésto es
lo que deberían haber hecho los
responsables de La Máscara 2, si
no fuera porque el despliegue de efectos
especiales y el dinero invertido no diera
pie a ello.
Para aquellos que recuerden la divertidísima
(dentro de lo que cabe, por ser innovadora)
película de Jim Carrey y Cameron
Díaz de principios de los noventa,
la Máscara era un artilugio de
la mitología nórdica que
se adhería a la cara de una persona
cambiándola por completo, dotándola
de poderes especiales y convirtiéndola
en una persona "guay". Aparte
de que en aquellos tiempos era la época
más alta de Jim Carrey por el boom
de sus expresiones faciales, la recién
conocida Cameron Díaz, y sus innovadores
efectos especiales a cargo de la ILM,
la película tuvo un considerable
éxito. Ahora, en el 2005, no tenemos
a Jim Carrey. Tampoco a Cameron. Sí
que tenemos a la ILM haciendo los efectos,
pero en esta mitad de década ya
estamos acostumbrados a ver efectos especiales
de esa talla, por lo que la película
no nos coge por sorpresa.
¿Qué vamos a encontrar en
esta película? Muchos efectos visuales,
desde luego. Algunos bien hechos, y otros,
por desgracia, no tan buenos. ¿Qué
más? Actuaciones bastante pobres,
situaciones muy previsibles, una banda
sonora deprimente no digna de Randy Edelman,
una continua falta de ideas que divide
la película en situaciones aisladas,
y sobre todo, grandes dosis de aburrimiento.
Salvando el principio, cuando el protagonista
encuentra la máscara y se la pone
(esos travellings, cámaras subjetivas,
y demás posiciones son dignas de
elogio, todo hay que decirlo), el resto
es un auténtico aburrimiento. Con
la máscara puesta, el protagonista
se acuesta con su mujer y tienen un hijo,
engendrado por un espermatozoide de la
máscara (hasta tal punto llega
la locura). El hijo por tanto hereda los
poderes.
El perro
se pone la máscara y la historia
gira alrededor de éste y el hijo
del protagonista, a ver quién elimina
a quién, pasando a ser una simulación
en vida real de los antiguos dibujos de
la Warner, estilo Coyote y Correcaminos,
que para colmo se ven dichos dibujos en
la televisión del protagonista.
Y es en estos momentos cuando hay que
sacar la almohada para echarse una cabezadita.
En resumidas cuentas, una película
que rememora el antiguo dicho de que "segundas
partes nunca fueron buenas... cuando los
protagonistas no son los mismos",
con cuatro o cinco toques en los que uno
puede descansar de tanto aburrimiento
para asomar una risa, pero en general
bastante deprimente, y de la que uno termina
hastiado de las bobadas sin sentido que
no aportan nada a la historia principal.
Mejor
que hubiera pasado directamente a DVD.
Así podríamos pasar al siguiente
capítulo.
Alejandro
Oyola