Sorprendente
película del polifacético
e histriónico actor Jim Carrey
(que cuenta con tantos detractores como
seguidores), en la que nos vuelve a demostrar
que sirve para algo más que para
hacer gestos exagerados delante de una
cámara. Cuenta la historia de Joel
Barish, un escritor que un buen día
se levanta y se encuentra con la situación
que su ex novia Clementine (Kate Winslet)
ha acudido a una clínica a que
le borren los recuerdos de su relación
con él. Airado con la noticia,
Joel decide someterse al mismo procedimiento
y borrar los recuerdos de su relación
con ella... hasta que en pleno “borrado”
de dichos recuerdos se arrepiente y decide
que no quiere olvidar ese trozo de su
vida con otra persona. Es en este punto
donde empieza el verdadero surrealismo
de la película, con Joel intentando
de todas las maneras posibles huir dentro
de su propia mente con Clementine. En
el argumento tenemos a Patrick (Elijah
Wood), que ejerce de trabajador de la
clínica, y aprovechando los recuerdos
de Barish, intenta conquistar a Clementine,
de la que se ha enamorado y a Stan (Mark
Ruffalo) ayudante y trabajador junto con
el doctor Mierzwiak (Tom Wilkinson). Luego
también podemos ver a Kristen Dunst
como Mary, que es la recepcionista de
la clínica, y que en el final de
la película va a jugar un papel
decisivo en el argumento.
La película se divide en dos “realidades”,
una es en el cuarto de Joel Barish, donde
Stan y Patrick, junto con la posterior
visita de Mary, hacen una fiesta con la
comida y la bebida de Joel mientras dura
el procedimiento de borrado de recuerdos.
Patrick acaba confesando que se enamoró
de Clementine al visualizar los recuerdos
de ella sobre Joel. La cosa se complica
cuando, como hemos mencionado antes, el
paciente se resiste al proceso y ellos
precisan la ayuda del doctor Mierzwiak.
Eso nos lleva a una segunda realidad,
en la mente de Joel.
Conforme los recuerdos de Clementine
desaparecen, el se da cuenta que va a
echarla mucho de menos y entonces intenta
desesperadamente guardar los recuerdos
de ella en lugares de su vida en los que
ella nunca estuvo presente.
Una de las partes más bien argumentadas
del film es cuando los personajes ya no
se conocen y aun así, se descubren
de nuevo porque hay algo que los atrae.
Carrey inhibe toda su energía cómica
para hacer el rol de un hombre atraído
y repelido al mismo tiempo por el espíritu
libre de Winslet, que cambia su forma
de ver la vida como cambia de color de
cabello. También destacamos a Wilkinson,
que confiere al médico una inteligencia
calmada que casi nos hace olvidar la espantosa
máquina borra-recuerdos de su invención.
Aun con esta trama con toques muy superficiales
de ciencia ficción, “¡Olvídate
de mi!” no se rinde a la facilidad
de los efectos especiales. Su punto fuerte
son los personajes, muy bien construidos
y muy bien interpretados.
Caty
Cordero